Nueva Zelanda: guía para una aventura de norte a sur

“La tierra de la gran nube blanca”. Es el significado de la palabra maorí Aotearoa, que no es otra que el nombre originario de estas islas en medio del Pacífico sur, a 2.000 km del vecino más cercano y a más de 10.000 de Argentina, y que aquí conocemos mucho más por el nombre que les dieron los conquistadores ingleses: Nueva Zelanda.

Dos grandes islas acompañadas por innumerables islas más pequeñas e islotes, en las cuales, además de una organización social y un nivel de vida envidiable, hay una gran protagonista: la naturaleza.

Salvaje, exuberante, imponente en todas sus expresiones: desde las altas cadenas montañosas con nieves eternas de la isla sur hasta las playas amables de arena en la isla norte.

Un tercio de Nueva Zelanda está protegido por parques y reservas naturales, pero aún allí donde no lo está, la convivencia del mar con las montañas, de los bosques con los campos sembrados, de suaves colinas verdes salpicadas de ovejas con playas de arena rodeadas de viñedos trepando las laderas, es extraordinaria.

Si no coincide con un partido de Los Pumas por el torneo Cuatro Naciones, quizás logre ver el “superclásico” All Blacks-Wallabies (Australia) o al menos un buen partido del Super Rugby. Aquí le proponemos un recorrido -entre muchos otros posibles- desde el extremo norte al extremo sur, por ciudades y paisajes imperdibles del país.

Isla Norte

Del cabo Reinga a Auckland

El vuelo directo de Buenos Aires aterriza en Auckland, pero supongamos que ud. reservó previamente un auto o motorhome -Nueva Zelanda invita mucho a ser recorrida en motorhome, con excelentes rutas y campings muy bien equipados-. Entonces maneje directo hacia el norte por la ruta 1. En unas 5 horas (421 km) llegará a cabo Reinga, el punto más septentrional de la Isla Norte. De aquí, más al norte sólo el océano, excepto por tres peñascos deshabitados llamados Three Kings Islands, a unos 55 km.

nueva zelanda
Auckland (Julian Apse /Tourism New Zealand).

Junto al faro de cabo Reinga está el “lugar del salto”, el sitio en el que los espíritus maoríes comienzan su último viaje. Pero en este caso es un gran lugar para comenzar este viaje, de este lado de la vida: acantilado, senderos de trekking y lindas playas hacia ambas costas, tanto la este como la oeste.

Unos kilómetros al sur se encontrará con la famosa Playa de las Noventa Millas, una larga lengua de arena que no sólo es ideal para un buen día de playa, sino también un paraíso para surfers, por tener una de las mejores rompientes de izquierda del mundo. Los que saben dicen que no hay que perderse sus atardeceres. Si se queda, lo agarra la noche y prefiere no manejar con poca luz por el lado izquierdo, muy cerca está Kaitaia, un pueblo con una interesante mezcla de ascendencia maorí y dálmata, donde puede pasar una noche más que tranquila.

Al otro día debería hacer unos 250 km hacia el sur para deleitarse con otro imperdible: Matakana, un lugar de escapadas para los habitantes de Auckland (a sólo 65 km), famoso por sus espectaculares paisajes de colinas verdes, entradas de mar con veleros reposando y, en el pueblo, un genial mercado de fin de semana -Farmer’s Market- con productos agrícolas, tiendas de alimentos boutique -muchos de ellos orgánicos- y viñedos. De hecho, puede hacer un tour de degustación de vinos en alguna de las bodegas, conocidas por sus cabernet sauvignon, merlot y syrah. Hay pueblos muy pintorescos, con cafés que invitan a sentarse y disfrutar, y muchos senderos para caminar y caminar.

Auckland
Auckland (Tourism New Zealand)

De allí, Auckland está a tiro de piedra. En menos de una hora puede estar recorriendo esta sorprendente ciudad, la principal del país (1,5 millón de habitantes), con su envidiable calma pueblerina incluso en la avenida principal, Queen Street, que termina en el puerto, donde zarpan ferries hacia otras zonas de la ciudad, como Davenport o Rangitoto.

Aunque la mayoría de los kiwis (como se llaman los neozelandeses) suelen preferir la isla Wahieke, enfrente de la ciudad, para pasar un día entre parques naturales y alguna playa, en una costa de arena de más de 40 kilómetros, recorrer viñedos, navegar en kayak o practicar mountain bike.

En Auckland no se pierda la avenida Tamaki, que va zigzagueando junto al mar entre parques, pequeñas playas, bares y restaurantes y yatch clubs repletos de veleros: no por nada a esta urbe la llaman “ciudad de las velas”. Dé unas vueltas también por el ambiente animado de bares, restaurantes y tiendas en barrios como Devonport, Ponsonby o Parnell, y disfrute de las vitas desde alguno de los 48 conos volcánicos de la zona. Muy cerca del centro, el Mt Eden (maungawhau, o “montaña del árbol whau”, para los maoríes) regala excelentes panorámicas de la ciudad desde sus 196 metros de altura.

Sky Tower
Sky Tower, Auckland (MarkDowney / Tourism New Zealand).

Otra gran vista se obtiene desde la esbelta Sky Tower, con un muy recomendable restaurante a 220 metros de altura y la posibilidad de practicar skyjump, que es más o menos como saltar al vacío atado con una cuerda elástica. En Nueva Zelanda, la aventura está en todos lados. Hasta en pleno centro de Auckland.

Rotorua y Waitomo

Siguiendo hacia el sur, otra parada imperdible de todo viaje a Nueva Zelanda es Rotorua, con el sorprendente paisaje que regala el enorme campo geotermal Wai-O-Tapu (“agua sagrada” en maorí). El área de 18 km2 está repleta de cráteres colapsados, piscinas de lodo y agua hirviendo y fumarolas, que recuerda que Nueva Zelanda es uno de los países atravesados por el famoso “cinturón de fuego del Pacífico”.

Rotorua
Campo geotermal de Rotorua (Chris McLennan /Tourism New Zealand).

Los senderos van zigzagueando entre lagunas de increíbles colores, como la bien llamada “Paleta del artista” –una extensión de intensos verdes, amarillos, rojos, anaranjados–, los Tinteros del diablo –pozos de lodo gris oscuro por grafito y petróleo– y la Piscina del champán, de 65 metros de diámetro, 62 de profundidad y 70°C de temperatura. También se pasa junto a numerosos muchos cráteres, como el del infierno -borbotones constantes de lodo hirviendo-, y del Nido de los Pájaros, en cuyas paredes anidan aves que aprovechan el calor termal para incubar sus huevos. Un recorrido -el corto demanda 30 minutos; el más largo, unos 90- que lo dejará boquiabierto.

En las laderas cercanas al centro de la ciudad también se practica el OGO o zorbing, un juego que consiste en meterse en una gran pelota inflable y rodar ladera abajo. Luego se extendió por otros países, pero aquí fue creado hace más de una década, así que si lo experimenta, lo hará en el OGO original.

bolsa de plástico
Descenso por la colina dentro de una bola de plástico.

No se arrepentirá si maneja otros 145 km hacia el oeste para visitar el pequeño pueblo de Waitomo, no tanto por el pueblo en sí sino por sus famosas cuevas, las Glowworm Caves, una amplia red de cavernas, simas y ríos subterráneos que se extiende como un laberinto bajo las onduladas praderas verdes de la zona.

Si gusta, puede descender haciendo rappel -no es excluyente, también puede entrar caminando-, y el recorrido se puede hacer a pie o, mejor aún, en bote. Además de sus estalactitas y estalagmitas, lo que hace verdaderamente famosas a estas cuevas son sus larvas o gusanos luminiscentes -arachnocampa luminosa-, que, brillantes como luciérnagas, despliega un espectáculo increíble sobre las paredes y techos de roca de las cuevas, como un cielo propio.

Waitomo
Cuevas de Waitomo y los gustanos luminosos (Corin Walker Bain).

Sí que vale la pena. Y ya que estamos, digamos que el nombre está compuesto por las palabras maoríes wai (agua) y tomo (hoyo), y que muy cerquita hay otras dos cuevas que tampoco debería no perderse: Ruakuri y Aranui; la primera, con un fantástico espiral de roca en la entrada y varias cascadas internas; la segunda con una fantástica exhibición de estalactitas y estalagmitas, de todas formas y tamaños.

Waikato-Waitomo
Cuevas Waikato-Waitomo, Nueva Zelanda

Un poco más al sur de Waitomo, hágase una escapada hasta el Parque Nacional Egmont, donde lo recibirá un paisaje de película de aventuras: cascadas exuberantes, selvas y musgosos pantanos; sólo faltarán los velocirraptors de Jurassic Park.

Egmont
Parque Nacional Egmont (Rob-Suisted / Tourism New Zealand).

Y contemple la inconfundible silueta cónica del volcán Taranaki, imán para muchos aventureros que llegan al lugar con la firme intención de escalarlo. De hecho, se suele decir que es la montaña más escalada del país.

Wellington a la vista

Es hora de visitar Wellington, la capital del país, en el extremo sur de la isla Norte. Aunque por el camino desde Waitomo (unos 460 km) puede hacer varias paradas.

Tongariro
Tongariro (Camilla-Rutherford/Tourism New Zealand).

Por ejemplo, en el parque nacional Tongariro, con casi 80.000 hectáreas que protegen los alrededores de los volcanes Tongariro, Ngauruhoe y Ruapehu. Lagos color esmeralda, prados alpinos y fuentes termales, junto a pistas de esquí y senderos de trekking que conforman el “Tongariro Alpine Crossing”, una excursión de un día que recorre las laderas de las tres cimas. Para una aventura inolvidable.

Y allí, en el extremo sur, casi cayéndose de la isla Norte, está Wellington, la capital, que con 180.000 habitantes, es la tercera ciudad del país. Calma pueblerina y estilo de ciudad, en una urbe muy desarrollada que invita al disfrute relajado.

Wellington
Wellington (Lucía Merle)

“Me encanta esta ciudad, las colinas, el puerto y el viento que la atraviesa. Me encanta la vida, el ritmo, la actividad y el cálido deterioro de esta ciudad; siempre encontrás un recodo abrupto y precario que recorrer, que exige atención”, escribió la reconocida escritora maorí Patricia Grace, que vive en esta ciudad. Puede leerlo con sus propios ojos en Wellington Writers Walk, el paseo peatonal de la zona costera de Wellington, con 15 esculturas de texto creadas por la artista Catherine Griffiths, que corresponden a citas relativas a la ciudad.

Sólo dos datos sobre la capital neozelandesa: se dice que tiene más bares y restaurantes por persona que Nueva York, así que déjese llevar por sus cafés, tragos y comidas excelentes, todo cercan, entre Courtenay Place y Cuba Street. Y para verla en perspectiva, suba a la cima del monte Victoria y contemple la ciudad en 360 grados.

Isla Sur

De Picton a Christchurch

Ahora, tome el ferry a la isla Sur. Bueno, no es una orden sino una sugerencia: de Wellington hay dos empresas que llevan al puerto de Picton, cruzando el canal de Cook y luego un estrecho “pasillo” entre isla Sur y la isla Arapawa.

Picton está en el extremo de un profundo fiordo, y en torno al puerto encontrará cruceros, cientos de yates y veleros, colinas verdes y palmeras y a los nezelandeses haciendo lo que más parecen saber hacer: disfrutar de la naturaleza. En kaya, corriendo, en bici o simplemente a pie, caminando por la hermosa y florida costanera.

Por allí hay un museo marítimo flotante: el Edwin Fox, noveno barco más antiguo del mundo, además de un acuario y operadores que ofrecen excursiones en crucero, de pesca, de avistaje de delfines. También está el ingreso al Queen Charlotte Track, uno de los más famosos senderos para recorrer haciendo trekking (3 a 5 días) o mountain bike, con muchos puntos a visitar y alojamientos en el camino Y recuerde que, una vez en Picton, habrá llegado a la zona de Marlborough, la mayor región vitivinícola de Nueva Zelanda, donde madura un sauvignon blanc que se ha ganado su fama en todo el mundo. ¿Qué hacer por allí? Bueno, hay de todo, pero no se vaya sin sentirse un bon vivant al menos por un rato: un tour de bodegas que puede ser en auto, en colectivo o en bicicleta, con un buen almuerzo al aire libre en medio de los viñedos.

Claro, se podría quedar días, meses, ¡años! disfrutando de esta zona: de la reserva marina Long Island-Kokomohua, por la espectacular red de valles fluviales sumergidos que forman los estrechos de Marlborough Sounds a a la reserva forestal Mount Richomnd o el pintoresco puerto de Havelock -la ruta de Picton a Havelock es deliciosa-, que supo ser un centro minero y hoy es la “capital mundial del mejillón verde”. Saboréelos, claro, en alguno de sus varios restaurantes.

Marlborough Sounds
Marlborough Sounds (Rob Suisted /Tourism New Zealand).

Ahora supongamos que por alguna extraña razón decidió no quedarse a vivir pro estas tierras mágicas, sino que quiere seguir disfrutando de más de estas islas de fantasía. Bien, de Picton o Havelock hacia el sur, hacia Chirstchurch, tiene dos opciones de ruta, ambas rodeando las altas montañas del parque nacional Nelson Lakes. La ruta 6 va serpenteando por valles, entre ríos, costas de lagos y altas cumbres, a lo largo de unos espectaculares 470 km. Por el otro lado -por el este-, la ruta 1 va pegadita al mar, a lo largo de otros deliciosos 350 km, pasando por pueblos como Seddon, Clarence o Kaikoura, estos dos, ya en la región de Canterbury. El mar siempre a la izquierda, las cimas nevadas siempre del lado derecho.

Christchurch: con unos 320.000 habitantes, es la principal ciudad de la isla sur, y hay mucho por hacer en ella, a pesar de que aún pueden verse algunas secuelas del fuerte terremoto que destruyó algunos de sus edificios -entre ellos, la catedral- en 2011.

Christchurch City
Christchurch City (Julian Apse / Tourism New Zealand).

Pero la ciudad resurgió, y los turistas visitan el centro International Antarctic Centre, pasean por el área de compras Re:Start, beben buenas cervezas en los bares de Pop Up City o recorren sus alrededores, como el parque natural Orana -ideal para caminatas y nuevamente, mountain bike-. Y no se vaya sin tomar agua. ¿Cómo? Bueno, es que Christchurch es famosa por ser una de las ciudades con el agua más pura del mundo, que se filtra naturalmente y llega, a través de más de 50 estaciones de bombeo, desde sus orígenes, en los Alpes del Sur.

En los otros Alpes

¿Alpes?, se preguntará, posiblemente extrañado. Pues sí, péguele un vistazo a la Isla Sur en Google Maps y verá que debe su existencia -bueno, el haber emergido del mar- a esa extensa cordillera que corre a lo largo del lado occidental de la isla, con numerosas cimas que superan los 3.000 metros. Y hacia allí se dirige ahora este imaginario viaje -o itinerario propuesto- por las islas del Pacífico sur.

Dice la leyenda que durante un viaje por el mar, la canoa en la que iban Ngai Tahu, Aoraki y sus hermanos -hijos de Rakinui, el Padre Cielo-, se dio vuelta, y cuando lograron subir nuevamente, el gélido viento sur los convirtió en piedra. Entonces la canoa se convirtió en la Isla Sur (Te Waka o Aoraki), y Aoraki y sus hermanos, en las cimas de los Alpes del Sur.

Puede jugar a buscarlos por esta enorme cordillera, de la que una gran parte está protegida por distintos parques nacionales, como Westland, Aoraki/Mount Cook, Mount Aspiring o Fiordland, que conforman el área protegida Te Wahipounamu, declarada en 1990 Patrimonio de la Humanidad por la Unesco.

Uno de esos parques imperdibles es Mount Cook, que se autodefine como “hogar de las montañas más altas y los glaciares más largos”. También es conocido con el más bello nombre de Aoraki, y es un paraíso de elevadas cumbres -23 picos de más de 3000 metros de altura-, glaciares y campos de nieves permanentes. Además, conforma la mayor parte de la única “reserva internacional de cielo oscuro” de Nueva Zelanda: cada noche, las grandes protagonistas son las estrellas, que desde esas alturas se ven mucho más cercanas.

Mount Cook
Mount Cook, Aoraki-Canterbury, Nueva Zelanda (Julian Apse/Tourism New Zealand).

Por allí está el monte Cook, que con 3.724 metros, es la cima más alta de Nueva Zelanda, y la que le sirvió de entrenamiento a Edmund Hillary para la conquista del Everest. Es una zona considerada entre los montañistas como la mejor región de Australasiapara escalar, pero no sólo es para expertos: los amantes de las caminatas por grandes paisajes disfrutan también de paseos de montaña entre lagos alpinos, campos de hierbas al estilo Heidi y espectaculares glaciares como el Mueller, pero especialmente el Tasman, el mayor del lugar, con 27 km de largo.

Desde Christchurch al parque son 324 km por la ruta 1, que va tranquilamente por la costa hasta Orari. Pero allí hay que girar a la derecha para tomar la 79 y luego la 8, que zigzaguean colina arriba y pasan por orillas de lagos como Tekapo y Pukaki. Finalmente, la ruta 80 recorre la larga orilla este del lago para llegar a Aoraki/Mt Cook Village, junto al panorámico Pukaki. Es un buen sitio para alojarse, pero no olvide buscar un lugar lejos de las luces de la ciudad por la noche para disfrutar de las estrellas.

La capital de la aventura

En medio de altos picos nevados, Queenstown se ha hecho famosa como la “capital mundial de la aventura”. En un paisaje que presenta notables similitudes con la Patagonia cordillerana, la ciudad suele estar repleta de jóvenes -y los consiguientes bares, discos, movida nocturna- y últimamente también de turistas chinos -con los consiguientes negocios de souvenires y chucherías-.

Queenstown
Aventura en Queenstown, Nueva Zelanda (Tourism New Zealand)

Lo más pintoresco de la ciudad son sus alrededores: está a orillas del gran lago Wakatipu, que se puede recorrer en una suave navegación en el histórico TSS Earnslaw un barco a vapor que fue botado en 1912, el mismo año que el Titanic, y hoy hace las delicias de los turistas.

Queenstown es corazón de la región de Central Otago, otro de los focos vitivinícolas del país, por lo que los tours por bodegas son también un clásico, pero la verdad es que la mayoría llega hasta aquí no tanto por eso, sino por los paisajes y la aventura. Lagos, montañas, ríos, la naturaleza parece haber tirado aquí toda la carne al asador, y en ese telón de fondo se despliegan todas las aventuras imaginables. Desde el primer bungee jumping comercial del mundo, sobre el río Kawaru, hasta el más alto (134 metros), sobre el río Nevis, pasando por kayak, trekking, mountain bike, rappel, escalada, paseos en helicóptero y globo, cabalgatas, paracaidismo, etc., etc.

bungee jumping
El bungee jumping es toda una especialidad en un país amante del turismo aventura.

Y otras más exóticas: una pintoresca ruta por las orillas del Wakatipu lleva al pequeño pueblo de Glennorchy, a unos 50 km. Allí hay, entre otras, dos actividades centrales: el jet boat por el río Dart -una lancha que alcanza velocidades inimaginables y hace piruetas sobre el agua-, y la visita a muchos de los escenarios de películas como El Señor de los Anillos, Límite Vertical, X-Men el origen y Narnia.

Si comenzamos este viaje en un desolado cabo que es el punto más septentrional del país, bien vale terminarlo en otro lugar semejante, que a su vez es el punto más austral, unos 250 km al sur de Queenstown, saliendo de las montañas y entrando en las suaves ondulaciones del sur. En Bahía Curio se puede ver un bosque petrificado del jurásico, de cuando Nueva Zelanda formaba parte del “supercontinente” de Gondwana, hace unos 180 millones de años. También es una zona protegida donde se reproducen los pingüinos ojigualdos, y donde en verano y otoño se puede ver a los delfines de cabeza blanca jugando en las olas.

Allí al lado está Slope Point, el lugar más meridional de la Isla Sur. Se accede por una caminata de 20 minutos a través de terreno privado, hasta el cartel que indica la distancia al Ecuador y el Polo Sur. Pero claro, esos ya son otros viajes.

La Tierra Media

Por ambas islas neozelandesas se reparten los paisajes donde se rodaron escenas de El Señor de los Anillos y El Hobbit, las películas de Peter Jackson que atraen multitudes con los “tours por la Tierra Media”. Son más de 15 locaciones, pero uno de los principales focos está muy cerca de Matamata, casi a mitad de camino entre Auckland y Rotorúa, en la isla Norte.

Es Hobbiton, el pueblo de los hobbits, que se puede recorrer en un tour que visita Bag End, la casa de Bilbo y Frodo, y recorre la colina, el pub Green Dragon y el Arbol de la Fiesta, entre otros sitios. Otro escenario está en las cercanías de Glenorchy, en el extremo norte del lago Wakatipu, en la isla sur. Allí se ve la zona en que se situó Isengard y donde se rodó la batalla de los olifantes. También las laderas del monte Earnslaw, de la secuencia inicial de Las dos torres, y Lothlórien, el bosque de hayas camino al Paraíso. Un paraíso como Nueva Zelanda.

MINIGUIA

Cómo llegar. Air New Zealand tiene tres vuelos semanales directos de Buenos Aires a Auckland. Ida y vuelta, desde US$ 1.103, impuestos incluidos.

Cuánto cuesta. El alquiler de un motorhome básico para dos personas arranca en US$ 45 por día. Uno más completo, con ducha, desde US$ 96 (www.newzealand.com/ar/motorhomes/).

Dónde informarse. www.newzealand.com/ar

Escrito por: Pablo Bizón.

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