Mochileros sin fronteras, el voluntariado solidario que une Israel y Argentina

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La idea es sagrada: “Hacer un mundo mejor”. Inspirado en uno de los principios morales del pueblo judío – “Reparación de la Humanidad”-, el proyecto “Mochileros sin fronteras” propone fusionar las ganas de ayudar con la necesidad de recibir ayuda. El programa solidario nació en Israel hace tres años y hoy ejecuta su labor solidaria en varios países: México (Ciudad de México), Nepal (Katmandú), Argentina (Buenos Aires), India (Mumbai), y Etiopía (Gondar).

“Es el summum de nuestra filosofía. En el judaísmo hay una tradición que dice que cada judío tiene la obligación de hacer el mundo mejor. Por eso tal vez es que haya muchas organizaciones como éstas en Israel. Principalmente, ‘Mochileros sin fronteras’ realizan tareas para mejorar el mundo”. La definición es de Ilan Sztulman, embajador de Israel en Argentina, promotor de estas visitas sociales al país. En Argentina, los jóvenes visitantes colaboran con un comedor en la localidad bonaerense de San Miguel, en cooperación con la embajada, el Ministerio de Relaciones Exteriores y organizaciones locales, como Macabi.

Los voluntarios son recién egresados del ejército israelí. Al finalizar el servicio militar obligatorio (tres años para los varones y dos para las mujeres), la tradición es salir a recorrer el mundo, antes de comenzar los estudios universitarios. Al principio, durante los primeros dos años de vida de la organización, su único destino fue India. Desde el año decidieron ampliar el programa y Argentina fue uno de los destinos elegidos. “La cultura de este país atrae a muchos de nuestros jóvenes”, destacaron los organizadores.

En efecto, en Argentina el programa de voluntariado “Mochileros sin Fronteras” ya brindó asistencia a más de 1100 niños. La visita derivó en un compromiso solidario con la comunidad local. El grupo convive durante dos semanas con la realidad, con el desamparo, con los excluidos del sistema, y buscan empatar las diferencias de porvenir: ayudan en actividades de rigor físico como tareas de arreglos, pintura, construcción, cañerías, gas, luz, y brindan conocimientos teóricos como apoyo escolar, idiomas, artes, defensa personal, primeros auxilios, higiene, canto, música.

La primera delegación arribó en noviembre pasado y en colaboración con otras fundaciones locales -participaron el comedor solidario local, el instituto deportivo-educativo Macabi y la organización sin fines de lucro “El Leoncito Dan”- trabajaron en el barrio El Faro de San Miguel, provincia de Buenos Aires. Los voluntarios, además de realizar actividades deportivas con los chicos, levantaron un nuevo comedor y ayudaron a pintar un jardín de infantes. La posta le quedó ahora al segundo grupo para continuar con las labores sociales ya iniciadas. “Es como un emprendimiento en el que la finalidad no es el lucro, sino mejorar el mundo, no con palabras, sino con donaciones y contribuciones a la comunidad argentina“, resumió el embajador.

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