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Introducción
Todo comenzó uno de esos días en
los que me dediqué a soñar. Es decir, a viajar. Fue un viaje
virtual porque estuve leyendo y aprendiendo que existe otra
manera de viajar, y es con la bicicleta. Y así fue como es
mis ratos de ocio, me sentaba frente a la computadora, y me
pasaba horas leyendo relatos de viajes de cicloturismo. Esta
nueva forma de viajar combinaba dos de mis grandes pasiones:
el deporte y el viajar. Cuando noté esto, empecé a pensar en
mi futura aventura.Me di cuenta que se me iban a presentar
dos grandes inconvenientes. Por un lado mi nula experiencia
en lo que respecta al ciclismo. No recuerdo haber pedaleado
nunca más de 3 Km. seguidos (distancia que separa mi casa
del parque de lomas), y demás esta aclarar que no tenía
bicicleta para afrontar un desafío como el que quería hacer.
Por otro lado, sabía que no iba a ser fácil conseguir
compañero de viaje. Pero todo cambió una mañana se
septiembre corriendo en el parque con Alfredo y Javier. Sin
conocer mucho a Javier le propongo hacer un viaje de esta
naturaleza. Para mi sorpresa me responde inmediatamente con
un: “dale!!”. Desde ese momento, me puse a pensar en el
itinerario tratando de que sea interesante y motivador tanto
para la parte de ciclismo, como para la parte turística.
Días después se incorporó Ivo, se le puso fecha al viaje y
se terminó de armar el itinerario.
25/12 ,
Primer día
Como siempre, estuve hasta último momento con los
preparativos. No me resultó fácil seleccionar las que
llevaría y pensaba mucho para que no se me pase por alto
ningún detalle. Me era totalmente nuevo un viaje o aventura
de este tipo, y es por eso que estaba más que consciente que
la improvisación y la toma de decisiones iban a ser muy
importantes durante todo el recorrido.15:45, tal como había
acordado con Javier, estaba listo esperando que me pase a
buscar con la ambulancia que había conseguido para que nos
llevase al aeroparque. Llegamos con tiempo y pudimos
despachar las bicis embaladas sin ningún tipo de problema.
Un vuelo perfecto nos dejó en el aeropuerto de la ciudad de
Salta ya de noche. El aeropuerto quedaba sobre la misma ruta
51 que teníamos que tomar al DIA siguiente desde Salta. Como
siempre pasa, hubieron muchos cambios de planes a último
momento. Primero íbamos a ir a dormir al hostel en Salta que
había reservado para esa noche. Luego decidimos pasar la
noche en el mismo aeropuerto, gracias al ofrecimiento de uno
de los guardias nocturnos. Pero finalmente, la ansiedad y
las ganas por pedalear se impusieron, y partimos bajo una
tenue llovizna hacia Campo Quijano distante unos 20 Km. del
aeropuerto. Como era de esperar debido a nuestra
inexperiencia en cicloturismo, comenzaron los inconvenientes
pero ninguno de gravedad. Ya era tarde y el hambre se empezó
a sentir. Vimos sobre la ruta un cartel que decía: “Pizza y
empanadas”. Allí paramos. Resultó ser la casa de un señor
muy amable de apellido Carrizo. Allí disfrutamos de una
noche espectacular junto a gente oriunda de la zona, en la
cual hubo un karaoke que duro hasta tarde en la noche. Con
Javito cantamos y bailamos toda la noche. Nos tocó ser
protagonistas del hit de la noche, el tema Baila para mi de
La Mosca. Carrizo nos ofreció, una vez que se fueran todos,
armar la carpa en el quincho y pasar allí la noche. Así es
como pasamos nuestras primeras horas en Salta.



26/12 ,
Segundo día
Carrizo nos preparó algo rápido para que desayunemos así
podíamos partir temprano ya que nos esperaba una larga
jornada de pedaleo. Nuestra intensión era hacer 92 Km. hasta
Santa Rosa de Tastil (3110 msnm). Nos despedimos de Carrizo,
y partimos a Campo Quijano en busca de una costurera para
que me arregle un cierre de la alforja que se me había roto.
Solucionamos el tema comprando un belcro. Aquí, en Quijano,
comienza el ripio. Los primeros kilómetros fueron accesibles
con leves subidas en las que nos sobraban energías. A medida
que pasaban los kilómetros, la ruta se empezó a complicar
debido a la presencia de camiones y de curvas muy cerradas
en las que había que estar muy atento. Esto se veía
reflejado en la cantidad de monumentos a fallecidos al
costado de la misma. Durante todo este trayecto la ruta iba
casi paralela a las vías del famoso Tren a las Nubes. La
constante subida y el ripio empezaron a desgastarnos y a
hacer descansos más de lo pensado. Pasamos pequeños poblados
como ser El Aisal (1775 msnm). Llegamos al Paraje Chorrillos
pasado el mediodía. Allí pensábamos almorzar. Mientras nos
dirigíamos a un supuesto restaurante, vemos pasar por la
ruta una camioneta Nissan a la cual estando los tres de
acuerdo, le hacemos dedo. Muy amablemente nos paran y
resultan ser una pareja holandesa que se dirigían a San
Antonio de Los Cobres (3775 msnm), nuestro destino del día
siguiente. Teníamos la intención de que nos acerquen hasta
Santa Rosa de Tastil, pero viendo que no había nada
interesante allí, decidimos continuar viaje con ellos hasta
San Antonio de Los Cobres. En el camino paramos a comer al
costado de la ruta en una casa de una señora, que nos
preparó un cabrito delicioso. Seguimos viaje como veníamos
en el acoplado de la camioneta. Dejamos atrás pequeños
caseríos como Ingeniero Maury (2359 msnm). Este personaje
fue uno de los principales mentores y ejecutores del tendido
de las vías férreas desde Salta hasta Chile), Gobernador
Solá (2556 msnm) y al costado de la ruta la vieja estación
de tren, hoy abandonada de Puerta de Tastil. Unos kilómetros
mas adelante estaba Santa Rosa de Tastil (3110 msnm). En
todo este trayecto asombra la construcción de las cosas. La
mayoría son de abobe y de baja estatura. Quizás esto se deba
para protegerse de los fuertes vientos. Otro factor sorpresa
es la cantidad de iglesias. Es decir, en poblados en los que
no excede las tres o cinco casas, siempre hay una allí
presente. Cada vez estábamos más convencidos en el acierto
de haber hecho dedo. La ruta ya de pavimento no paraba de
ascender. Habíamos salido de los 1200 msnm y llegamos a los
3775 msnm habiendo pasando en la ruta por los 4080 msnm en
el Abra de Muñano. Era un enorme ascenso en tan poco tiempo
y sin una previa aclimatación. Ya en San Antonio,
encontramos una casita que nos alquilaron y realmente nos
sentíamos muy cómodos. Con el correr de los minutos
empezamos a sentir algunas molestias producto de la altura.
Los tres teníamos un pequeño dolor de cabeza y nos fuimos a
hacer un chequeo al único hospital regional del pueblo. Nos
tomaron la presión y nos aplicaron una dosis de oxígeno y
tanto Ivo como Javier se sintieron mejor. En cambio yo, salí
un poco mareado y al rato empecé de nuevo con dolor de
cabeza. Me fui directo a la cama sin cenar nada para horas
mas tarde vomitar todo el rico almuerzo que habíamos tenido.




27/12 ,
Tercer día
A pesar de no haber dormido bien, con el correr de la mañana
me fui sintiendo bien. La idea del día era ir a conocer el
Viaducto La Polvorilla (4200 msnm). Este es el punto más
famoso y más alto por el que pasa el Tren a las Nubes y está
a una distancia de 20 Km. de San Antonio. El camino era
totalmente de ripio con pendientes prolongadas, mucho
serrucho, pozos y arena. Era realmente una tortura ese
camino para hacer en bicicleta. A los 5 Km. se podían
visualizar unas piletas con aguas termales que pertenecían a
un complejo termal, hoy en ruinas. El paisaje era típico de
la puna andina, con montañas muy altas y áridas con escasa
vegetación. Cuando habíamos hecho más de la mitad de camino
vemos que se acerca una camioneta. Nos miramos entre los
tres y le hacemos señas como para que nos lleve. Accedieron
instantáneamente y nos ubicamos en la caja de la Ford. Una
última subida permitía ver desde lejos la imponente
construcción del Viaducto La Polvorilla en toda su
dimensión. Esta tiene 224 m de largo y 63 m de altura. Esta
magnifica obra de ingeniería describe un arco sobre el que
sientan las vías del ferrocarril. La cantidad de rulos,
viaductos, túneles, y otras sinuosidades que recorre el tren
se debe a que el autor del proyecto, el Ing. Maury, tomo
partido teniendo en cuenta el principio de adherencia de las
ruedas del tren a las vías y por las leyes de la física,
desechando el sistema mecánico de cremallera comúnmente
usado para que los trenes puedan trepar con solvencia las
alturas. Habíamos llegado a la base del puente y realmente
impresionan las dimensiones de este. Nos tomamos las
clásicas fotos y empezamos a subir al puente por un camino
de zig-zag solo para peatones. Cada pocos pasos teníamos que
parar a tomar aire debido a que nos provocaba mucha
agitación el subir con tanta pendiente y sin tanto oxigeno
en el aire. Una vez arriba del puente sacamos muchas fotos y
pasamos un momento muy agradable. La vuelta fue en camioneta
con los mismos muchachos que nos acercaron, y una vez que
volvimos, los invitamos a comer unas empanaditas salteñas.
Pasamos la tarde manteniendo una linda e interesante charla,
que se fue dando sola y terminó dejando mensajes y
conclusiones muy importantes y positivos para nuestras
vidas. Por la noche Javier nos cocinó. Mas tarde fuimos a un
boliche, en el que había poca gente y nos terminamos yendo
temprano.






28/12 , Cuarto día
Como al día siguiente era mi cumpleaños y lo queríamos pasar
en algún pueblo con gente, decidimos contratar una camioneta
que nos lleve hasta Salinas Grandes, para después nosotros
pedalear 65 Km. hasta Purmamarca, provincia de Jujuy. De lo
contrario, no íbamos a llegar ya que hacer esos 165 Km. era
algo inalcanzable en el día. Nos llevo un Sr. llamado
Estaban Olmos junto con su changuito en su camioneta.
Salimos alrededor de las 8:30 hs y por primera vez agarramos
la famosa y mas larga Ruta Nacional Nº40 que une La Quiaca
con Ushuaia. El paisaje era realmente bello, con laderas a
ambos costados y unas hermosas montañas coloridas
acompañaban el ripio con serrucho y bancos de arena. Este
tramo de la RN 40 es muy poco transitado y causa de esto es
que casi no hay poblados a lo largo de esta. Dejamos atrás
la provincia de Salta y entramos en la jujeña. Ya se
empezaba a ver el extremo de las Salinas Grandes. Empezamos
a pedalear para este desierto de sal y el paisaje se tornaba
cada vez más maravilloso. Era todo blanco. Todo sal. Nos
fotografiamos de manera muy especial (se reserva el derecho
de las fotos), y lentamente comenzamos a volver al cruce de
la 40 y 51, para tomar esta ultima y hacer 60 Km. hasta
Purmamarca. Toda la primer mitad es una larga y constante
subida, que por momentos se tornaba imposible de subir en
bici, y mas con los aproximadamente 12 Kg. que llevábamos de
carga. Subiendo la Cuesta de Lipan, tuvimos que bajarnos de
las bicis y empezar a caminar ya que de esta manera
avanzábamos más. La suerte estaba de nuestro lado. Pasaban
muy pocos vehículos, pero justo pasó un camión que
transportaba cubos de sal, y nos hizo evitó el resto de la
tremenda subida. El camión subía lento debido a toda la
carga que llevaba encima, más una nueva adicional causada
por tres locos con bicicleta. Una vez que alcanzamos los
4080 msnm, nos bajamos del camión y el frío de alta montaña
se empezó a sentir. Nos abrigamos ya que teníamos por
delante unos 38 Km. de bajada increíble. Fue la mejor parte
sin lugar a dudas. Descender desde esa altura hasta llegar a
Purmamarca (2450 msnm) fue adrenalina pura. Logramos
velocidades muy altas y gozamos de unas vistas y paisajes
indescriptibles. Cuando llegamos al pueblo de Purmamarca la
duda era si acampar o ir a un hostel. Miramos al cielo y se
veía venir la lluvia, así que paramos en un hostel. En esta
región el cielo no miente y empezó a llover en forma pareja
y constante.







29/12 ,
Quinto día
Fue un día diferente. No solo por ser mi cumpleaños, sino
porque amaneció lloviendo. Había estado cayendo agua toda la
noche y eso se notaba en sus callecitas de tierra. Barro y
mucho barro era el común denominador de este pueblito que en
los últimos años tuvo un gran crecimiento. Mucho turismo
especialmente cordobés y de otras partes del país ocupaban
las plazas en los distintos alojamientos. Teníamos planeado
unos circuitos y miradores para hacer, pero tuvieron que ser
cancelados. Este mismo día queríamos irnos pedaleando hasta
Tilcara, otro pueblito de la Quebrada de Humahuaca, distante
a tan solo 22 Km. Analizando sus posibles consecuencias
debido a la lluvia, decidimos tomarnos el micro. Por primera
vez agarramos la RN9 (es toda pavimentada) y antes de llegar
a Tilcara entramos a Maimará, pequeño municipio en plena
quebrada. Tilcara no varió mucho respecto de Purmamarca. Al
rato que llegamos se largo a llover, por lo que no pudimos
hacer nada durante la tarde. Recién a la noche paró la
lluvia y salimos a cenar. Tuvimos una larga y entretenida
charla hasta pasada la medianoche.



30/12
, Sexto día
Por suerte amaneció sin lluvias. Salimos temprano para
conocer el Pucará de Tilcara. En este lugar quedaron ruinas
de lo que fue un pueblo de la antigüedad. Recorrimos ese
lugar tomándonos unas cuantas fotos, y volvimos al hostel a
preparar las bicis, para irnos a Humahuaca. Fuimos a la
terminal y despachamos como encomienda las alforjas. Nos
quedamos solo con una mochila cada uno, líquido y los fideos
para hacernos en el camino. Tomamos la RN9 en dirección
norte y empezamos a pedalear. Al no haber tanta altura y
pendiente en la ruta, pudimos ir a una velocidad promedio
alta. A mitad de camino, paramos en el cartel que indicaba
que por ahí pasaba el Trópico de Capricornio. Nos
fotografiamos y seguimos viaje atravesando distintos
poblados. Faltando 12 Km. paramos en un caserío llamado
Uquia e hicimos el almuerzo. Llegamos a Humahuaca por la
tarde y completamos así los 45 Km. de la jornada. Nos
alojamos en un hostal muy cómodo cerca de la terminal. Luego
salimos a caminar y conocer un poco el pueblo. Sin dudas es
el pueblo más grande y populoso de la quebrada. Recorrimos
sus callecitas, conocimos su plaza, y subimos al monumento a
la independencia nacional. Ya de vuelta, debido al frío que
empezaba a hacer, compramos cosas dulces para la merienda.
Por la noche fuimos a comer pizza, y para no desentonar con
los otros pueblos, había empezado a llover. Iruya nos
esperaba como nuestro próximo destino.






31/12 ,
Séptimo día
8:45 hs salía el micro, por lo que nos despertamos con
tiempo para armar el bolso y tomar algo. Noté que en todos
los pueblos de la quebrada, y Humahuaca no era la excepción,
a la gente le gusta dormir. No encontrás nada abierto, ni
siquiera para desayunar antes de las 9 hs. La única manera
de llegar a Iruya es desde Humahuaca, es decir, tomando la
RN9 y luego un desvío de ripio casi imposible de transitar
en bicicleta. El camino cruza pequeños arroyos, y hasta en
un momento, circula a lo largo del arroyo. En el trayecto se
alcanza una altura máxima de 4000m. Aquí, el chofer paró
unos minutos para que saquemos fotos, ya que la vista era
increíble. Luego comienzan 21 Km. de bajada en forma de
zig-zag. Acá también se obtienen vistas y paisajes únicos.
Todo indicaba que estábamos por llegar a un pueblito
encantador congelado en el tiempo. El micro nos dejó como 1
Km. antes de llegar debido al mal estado del camino. Apenas
bajamos, una “chinita” (forma de llamar a las chicas) se me
acercó a ofrecerme alojamiento. Esta simpática chica se
llamaba Olga, pero para nosotros Olguita. Nos llevó a sus
habitaciones que finalmente superaron todas nuestras
expectativas por los $10 que nos cobraban. Dejamos todo en
orden y salimos a almorzar. Caímos en un comedor y el plato
del día era locro, cosa que no pudimos resistirnos y
probarlo. Nuestra intención era pasar año nuevo en un lugar
que se reúnan mucha gente. Como no encontramos ningún lugar,
compramos una sidra y brindamos en el alojamiento con
Olguita y sus hermanas. No me imaginé nunca la cantidad de
fuegos artificiales que tiraron los aproximadamente 2100
habitantes de Iruya. Ya después de la medianoche salimos en
busca de diversión. Nuevamente no tuvimos suerte y nos
fuimos a dormir pensando en la travesía a San Isidro del día
siguiente.







01/01 ,
Octavo día
Habíamos arreglado con un chango lugareño para que nos haga
de guía hasta el pueblito de San Isidro. Son alrededor de 7
Km., y su único acceso es caminando subiendo por la montaña,
y cruzando varias veces el tan temido río. Durante el
verano, las lluvias hacen crecer mucho el caudal del río.
Este río no mide más de 10m de ancho y su profundidad no
supera el metro. Estos datos no asustan a simple vista, pero
lo que lo hace difícil y hasta imposible de cruzar para los
lugareños mismos es que el río tiene una corriente asombrosa
arrastrando rocas del tamaño de una cacerola viniendo a gran
velocidad. Empezamos a caminar alrededor de las 10:30 hs y
un rato después, cuando llegamos al primer cruce del río,
comenzaron las dudas, incertezas y miedos. En ese momento,
se nos unieron un muchachos llamado Guillermo (de BsAs) y
una chica inglesa que estaban juntos. Entre los seis
(incluyendo al guía) pudimos cruzar la primer parte del río.
Luego, empezamos a subir una montaña bordeando la ladera. El
camino se empezó a complicar hasta el punto de que cualquier
paso en falso, podría significar un resbalón y caer por un
precipicio. Con mucho cuidado pasamos este nuevo obstáculo
sanos y salvo. Llegamos nuevamente al nivel del río.
Estuvimos más de una hora pensando y deliberando como íbamos
a sortear este nuevo cruce del río que encima era doble. Ya
todas nuestras piernas estaban golpeadas por las rocas que
el río arrastra. Mientras el guía piensa y analiza por donde
conviene cruzar, nosotros sentaditos y ya preocupados
escuchamos sin cesar el ruido constante del movimiento de
rocas y piedras. Con mucha decisión y coraje, logramos
cruzar una de las dos últimas partes, para finalmente
continuar por un camino mas tranquilo hasta San Isidro.
Estábamos a solo un paso. Tan cerca, pero tan lejos a la
vez. De nuevo se vivieron momentos de pura indecisión. Leo,
el guía que nos acompañaba, finalmente desistió de cruzar
esta última parte argumentando que estaba muy peligroso y
que no quería arriesgarnos, y por lo tanto decidió volverse.
Ivo, tomando una actitud muy individualista, se largó solo a
cruzar sin avisar a ninguno de nosotros. Lo logró, pero se
cayó, rodó en el río y se le produjo un importante corte en
la rodilla. Quedábamos cuatro. Guillermo, Javier, la inglesa
y yo. Acordamos actuar y tomar decisiones en grupo, es
decir, escuchándonos, ayudándonos, y buscando la mejor
solución. Basándonos en esto, desistimos de cruzar el río,
pero no de llegar a San Isidro que era el objetivo
propuesto. Empezamos a escalar una montaña que subía en
forma paralela al río. Pensamos que podía ser una
alternativa de camino. Cruzamos a dos lugareños y nos
dijeron que podíamos llegar por la montaña, pero que había
que conocer bien el camino porque no era fácil. Al no tener
delimitado el camino, esta situación me hacia acordar a los
libros “Elije tu propia aventura”. Acá muchos te
aconsejaban, pero nadie te aseguraba nada, es decir, eran
todas incertezas y ninguna certeza. Pese a todo, decidimos
seguir subiendo y encontrar ese camino. Por momentos íbamos
por un pequeño sendero y era eso lo que alimentaba nuestra
ilusión de poder llegar. Sabíamos que estaba hecho por el
hombre, y que a algún lugar nos iba a conducir. La esperanza
por momentos se esfumaba ya que desaparecía el camino.
Subiendo la montaña por una zona rocosa apareció delante de
mis pies una inesperada serpiente. Les avise con un grito a
mis tres compañeros y ví en ellos cara de preocupación.
Guillermo, es que es casi medico, nos alarmó del real
peligro que una picadura podría ocasionar. Fue ahí donde
empecé a preocuparme. Empezamos a subir, bajar y cruzar por
terrenos muy peligrosos en los que un simple resbalón o paso
en falso, era sinónimo de muerte. Mis palabras pueden
parecer exageradas, pero tengo tres testigos que no me dejan
mentir. Actuando en grupo, y de una manera muy
cuidadosamente, salimos airosos de esas situaciones
particulares. Se estaba haciendo tarde y de a poquito el sol
de escondía por detrás de las montañas. Estábamos cada vez
mas cerca. Faltaba menos. De repente, Javito y yo que íbamos
últimos, escuchamos ruidos de atrás. Al darnos vuelta, vemos
a tres cabritos que nos están corriendo por el estrecho
sendero. Asustados, les pedimos a Guillermo y a la inglesa
que corran porque nos iban a cuernear. La concentración y
atención que teníamos que tener era doble. Tanto para mirar
el sendero, como para mirar a los cabritos. Ya se notaba la
presencia humana debido a estos animalitos y también debido
a obstáculos y trabas que pusieron en el sendero para frenar
su avance. Estos obstáculos no eran un impedimento para los
cabritos, ya que pudieron esquivarlos y continuar
corriéndonos. Nosotros ya habíamos llegado al final del
sendero y desde ahí se podían ver algunas construcciones de
San Isidro. Ya no podíamos seguir por la montaña y no
quedaba otra opción de enfrentarse nuevamente con el río.
Bajamos hasta el río y empezamos a buscar el sector más
fácil para cruzar. Inicialmente uno tiende a pensar que es
por la parte mas angosta. Pero hay una magnitud física que
es el caudal y que se mantiene constante. Con esto se deduce
que a menor superficie, mayor velocidad del caudal. Por lo
tanto desechamos esa teoría y seguimos buscando. Hicimos un
par de intentos pero no prosperaron. La preocupación de
todos ya era notoria, pero en especial la mía porque estaba
en calzas cortas, remera, sin nada de abrigo, con frío y
para colmo con la ropa húmeda. Javier en cambio, tenía algo
de abrigo. La inglesa y Guillermo eran los que mejor estaban
preparados para eventualmente pasar la noche en la montaña.
Tenían abrigo, una bolsa de dormir, y algo de comida. Ya
siendo las 18 hs, ellos dos decidieron pasar la noche en la
montaña debido a que la inglesa estaba exhausta. Javier y yo
nos miramos con extrema preocupación. Yo le planteé la idea
de volver a Iruya, pero analizando bien nos dimos cuenta que
ya no llegábamos con la poca luz que quedaba. Ahí decidimos
con Javier pasar la noche junto a ellos dos. En un momento,
caminando por el sendero, habíamos pasado por una casa. Era
la única que había en toda la montaña. Esa casa era nuestra
única salvación. Teníamos que entrar y dormir en esa casa
como sea, haya o no gente. Vimos todas las puertas cerradas
con candado y eso significaba que no había nadie. Como era
un caso de necesidad extrema debido al frío que había
empezado a hacer, debido a la falta de comida y al hecho de
no tener donde dormir, estaba convencido a romper los
candados e ingresar a la casa violando todo derecho a la
propiedad privada. Buscando encontré un hacha y pude romper
los candados de dos puertas, mientras que Javier se encargó
de la restante. En el preciso momento que vimos que había
colchones, frazadas y algo de comida, los cuatro estallamos
de alegría y recuperamos un poco la tranquilidad. En lo
personal me pude abrigar con la ropa campesina que encontré,
y enseguida nos pusimos con Javito a buscar leña para
prender un fuego, calentarnos y alimentarnos. Todo parecía
de película y soñado. Estoy seguro que para los cuatro este
fue un día muy distinto en el que hubo una fuerte mezcla de
sensaciones vividas a lo largo del día. El día comenzó con
alegría y entusiasmo. Horas más tarde se vivieron momentos
de pura adrenalina y asombro debido al estado y
comportamiento del río. Luego comenzó el momento de la gran
preocupación, miedo y rezo. Casi instantáneamente nos
invadió la felicidad, la esperanza y un espíritu aventurero
que nos hacia creer que éramos los protagonistas de
películas como La Misión. Ya era casi de noche y por suerte
logramos prender el fuego. Costó mucho por el hecho que
estaba todo húmedo debido a las constantes lluvias
veraniegas. A los 3000 msnm el agua tarde mucho mas en
hervir, y es por eso que la polenta y la única papa que
había tardó en cocinarse. También hicimos choclos pero
salieron extremadamente duros, y fueron imposibles de comer.
Pese a eso le dí unos cuantos mordiscones. Luego encontramos
unas sopas instantáneas y una bolsa con maíz. Desde que nos
instalamos en la casa tuvimos compañía. Una gallina, un
pollito, un gato y nuestros nuevos amigos los cabritos.
Pasamos momentos muy divertidos cuando dejábamos una puerta
abierta, y la gallina y los cabritos se metían adentro en
busca de comida revolviendo todo lo que tenían a su alcance.
Ya de noche empezó a llover y el frío era cosa seria.
Prendimos las únicas dos velas que encontramos y las usamos
como iluminación donde estaban las dos camas que usamos
Javier y yo. Habían varias frazadas y las repartimos entre
los cuatro. Ya se nos notaba el cansancio y de a poco fuimos
acomodando todo como para dormir. La inglesa se durmió al
instante. Javier, Guillermo y yo empezamos a charlar y a
tratar de tomar consciencia de la real dimensión de lo que
estábamos viviendo. Todo esto superaba mi propia capacidad
de imaginación. Guillermo, como estudioso del tema, nos
alarmó mucho contándonos que estábamos en el hábitat ideal
de la vinchuca, bicho que contagia el famoso mal de chagas,
enfermedad que aun no tiene cura. Estos bichos habitan el
norte del país y viven en paredes y techos de adobe en zonas
rurales. Creo que desde preciso momento, tanto Javier como
yo, nos tapamos hasta cubrirnos la cara, dejando solo un
pequeño hueco para respirar. Nos costó muchísimo dormirnos y
dejar de pensar en ese peligroso bicho.






02/01
, Noveno día
Amanecimos temprano y en lo personal me seguía costando
creer donde estaba durmiendo. La idea era irnos lo más
temprano posible para evitar un posible encuentro con los
habitantes de la casa. Supusimos que se habían ido al pueblo
a pasar año nuevo y volverían este mismo día por la mañana.
De todas maneras, una vez en Iruya íbamos a averiguar
quienes eran los dueños para acercarnos a contarles lo
ocurrido y darles en compensación una suma simbólica y
representativa por los daños ocasionados. Emprendimos el
camino de vuelta por el mismo sendero que vinimos. Cuando
había un corte en la montaña, o el sendero desaparecía,
venia la intuición grupal y seguíamos el camino trepando o
bajando por donde nuestros instintos decían. A mitad de
camino vemos un muchachito viniendo en sentido contrario. Le
pedimos que nos acompañara y guiara hasta Iruya. Nuestro
mayor temor era cruzar el río nuevamente. Cuando accedió,
todos respiramos tranquilidad sabiendo que estábamos en
manos conocedoras. Cuando llegamos al río nos percatamos que
estaba mas tranquilo que el día de ayer. Nos agarramos los
cinco de la mano formando una barrera humana y cruzamos sin
mayores problemas. Del otro lado del río y en medio de la
montaña se veían unas figuras humanas. El chango que nos
hacía de guía, nos avisó que allí enfrente iban los dueños
de la casita donde habíamos pasado la noche. De inmediato
les hace señas para que paren y junto con Guillermo se
acercan hasta donde están. Guillermo le explicó lo ocurrido
y les dejó una suma de dinero. La gente entendió
perfectamente nuestra situación y aceptó conforme el dinero.
Si bien no sentíamos ningún tipo de culpa por haber usurpado
esa casa, después de haber saldado esta deuda tanto con los
propietarios, como con nosotros mismos, sentimos una
complacida sensación de bien estar.
De repente y sin darnos cuenta, aparece Ivo por detrás con
un muchacho lugareño. Ya todos juntos de nuevo, completamos
el resto del camino al precioso pueblito montañoso de Iruya.
Nuevamente estábamos con todas las comodidades para
bañarnos, alimentarnos, y tener un merecido descanso. En lo
personal me quedó una especie de sabor amargo por no haber
podido llegar a San Isidro, pero a la vez una sensación
diferente. Y es como dice el dicho: “no hay mal que por bien
no venga”. Si hubiese llegado a San Isidro, no hubiese
descubierto las infinitas sensaciones, los descubrimientos
personales, la diversidad de paisajes, la adrenalina
permanente, ni mucho menos la sensación de placer de poder
superar los obstáculos inimaginables que el camino me
presentó.




03/01
, Décimo día
Habiendo dormido bien, fuimos por la mañana a comprar los
pasajes de vuelta para Humahuaca. Nos despedimos de Iruya
con unas empanadas (en mi caso) y milanesa napolitana
(Javito e Ivo). En este encantador pueblito del norte
salteño, conocimos una familia y especialmente una
muchachita de trece años llamada Olguita, que nos dejó
muchísimas enseñanzas, actitudes de vida, hospitalidad y
humildad entre otras cosas. Ya de vuelta en Humahuaca nos
reencontramos con nuestras bicicletas y equipajes. Como ya
se tornó costumbre, merendamos mate con facturas en el
hostal ‘río Grande’ que es atendido por un chico al que
apodamos ‘Jack Sparrow’, por su parecido al actor Johny
Deep.



04/01
, Undécimo día
Por la mañana viajamos a La Quiaca (3442 msnm). Nuestra
intención era conocer la ciudad, cruzar la frontera a
Villazón (Bolivia) y hacer algunas compras. Nuestra ciudad
fronteriza nos recibió con un sol abrasador. Casi sin
recorrer la ciudad y luego de preparar las bicicletas con
las alforjas en la terminal, nos dirigimos a la frontera.
Observando unos instantes el incesante movimiento de ingreso
y egreso de las personas en ambos países, nos decidimos por
pasar libremente con nuestras bicicletas y alforjas. Si bien
hay fronteras que solo existen por un tema netamente
territorial y político, hay otras que ese simple limite (en
este caso un río seco) separa a dos pueblos muy dispares.
Caminando unas pocas cuadras ya del lado boliviano, tanto
Javier como Ivo, notaron la desprolijidad, suciedad y
desorden de una ciudad que es muy populosa y vive del
comercio. En la calle y en los negocios se puede conseguir
de todo. La oferta abarca desde productos electrónicos,
pasando por ropa y calzados, hasta verduras, frutas,
productos de medicina natural y especies de todo tipo. Ya
cerca de la terminal se empiezan a ver carteles de hostales
económicos y alojamientos. Nosotros nos alojamos en uno
cerca de la plaza principal y a media cuadra de la terminal.
Como ya era el mediodía, los llevé a almorzar al mercado
central. Luego, la idea era salir a pedalear por las rutas
bolivianas de ripio. De Villazón sale una única ruta de
ripio y va en dirección norte. Es angosta y tiene constantes
subidas y bajadas. En los 10 Km. que hicimos pasamos muy
pocos poblados y el paisaje era bastante árido. Regresamos
al hostal para tomar unos clásicos mates y luego salir a dar
unas vueltas y hacer algo de shopping.



05/01 ,
Duodécimo día
Como ya era costumbre, amaneció lloviendo. Apenas uno sale a
la calle tiene una gran oferta para en este caso desayunar.
Puestitos callejeros te ofrecen desde comida chatarra a
comidas y bebidas regionales. Antes de dejar Villazón,
fuimos a hacer una nueva recorrida para hacer las últimas
compras. Luego, la idea era ir hasta la terminal de La
Quiaca y sacar pasaje a Salta para la noche. Conseguimos
para la medianoche. En el depósito de la misma agencia les
dejamos las alforjas, y llevamos lo justo y necesario en la
bici como para ir en el día a conocer Yavi, distante 16 Km.
No teníamos muchos comentarios acerca de este histórico
pueblo. Desde que empezamos a pedalear por la ruta
pavimentada nos llamó mucho la atención lo llano que es toda
esta región. Ya llegando a Yavi hay una subida muy
desgastante y larga para luego descender y pasar por el
cartel que te da la bienvenida al pueblo. Fuimos a una
oficina de turismo para que nos cuenten un poco acerca de
este chiquito pero atrapante pueblo. El muchacho nos comentó
que actualmente la población es de unos cuatrocientos
habitantes. Ahí mismo pudimos presenciar una reunión de la
gente encargada de llevar acabo las políticas y decisiones
del municipio. Nos recomendaron ir bordeando el río hasta un
lugar que hay pinturas rupestres en rocas. Lamentablemente
no las encontramos y volvimos para encontrarnos con Ivo, que
se había quedado escuchando y disfrutando del silencio y la
paz del lugar. Nos unimos a él, y rápidamente los tres nos
quedamos dormidos. No fue una siestita cualquiera debido a
que Yavi no es un pueblo cualquiera, sino un pueblo donde lo
histórico, lo bello, la armonía y la hospitalidad a sus
visitantes son frutos de su propio cultivo. Dimos una
vueltita más pasando por su museo, para luego empezar el
camino de retorno por sus tranquilas calles de tierra.
Volvíamos a La Quiaca con la idea de encontrar un lugar
donde poder darnos una ducha luego de un día caluroso. Ya en
dicha ciudad, le preguntamos a una mujer donde poder
ducharnos, y para nuestra sorpresa nos invitó a la casa.
Para nosotros que vivimos en una gran urbe, este tipo de
actitudes nos resultan un poco extraño, pero no así a la
propia gente de nuestro hermoso norte y de la que mucho
tenemos que aprender. En la casa de la señora Alsira estaban
parando unos muchachos con los que íbamos a compartir unas
pizzas, pero se nos hizo imposible ya que teníamos que
embalar las bicicletas y no hacíamos a tiempo. De todos
modos, prometimos volver en nuestra próxima visita. Una vez
todo listo, cenamos cerca de la terminal y nos quedamos
esperando que se haga la hora de partida.




06/01 ,
Décimotercer día
Dormir en un micro no es de lo más cómodo que hay, y menos
si te despiertan dos veces personal de gendarmería. La
primera era para pedirnos documentos, y en la segunda nos
hicieron bajar a todos del micro con todos nuestros bolsos y
equipajes para revisarlos. Tuvimos suerte y como sabían que
nosotros éramos los de las bicicletas, no nos revisaron
nada, mientras que a todos los demás les revolvían de punta
de punta sus equipajes. Luego de estar parados al aire libre
(eran las 5 am) aproximadamente 40 minutos, volvimos al
micro para continuar viaje. Llegamos a Salta a media mañana,
armamos las bicis y salimos en busca de un hostel. Un rato
mas tarde, los llevé como les había prometido, a comer el
mejor sándwich de milanesa de sus vidas. Tal fue así que al
día siguiente volvimos. A la tarde fuimos a conocer la
quebrada de San Lorenzo, lugar agreste y tranquilo a solo 12
Km. del centro de la ciudad. Encontramos unas cascadas y nos
quedamos disfrutando de la caída del agua metidos casi por
completo en esa agua fresca proveniente de la montaña.
Pedaleamos de regreso a la ciudad para hacer nuestra clásica
merienda a base de facturas.


07/01
, Decimocuarto día
Sin alarma ni nada sonoro que nos despierte, dormimos hasta
que nuestros cuerpos dijeron basta. Por la mañana fui con
Javier a subir el Cerro San Bernardo caminando. La cima está
a 1500 msnm y desde allí se tiene una vista magnifica de lo
que es la ciudad y sus alrededores. Regresamos al mediodía
para cargar todo en las bicicletas y despedirnos de Salta
con unos sándwiches de milanesas.
Nuestra próxima y última escala era el aeropuerto
internacional de Salta para tomar un vuelo de Aerolíneas
Argentinas y dar por finalizado este maravilloso viaje y
travesía por el noroeste argentino. Hay algo de lo que los
tres estamos seguros, y es que este viaje nos dejó millares
de enseñanzas y aprendizajes para tanto la convivencia en
grupo, como también para ser mejores personas.






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