HACER DEDO, AUTOSTOP, AVENTÓN, PEDIR RAID, JALÓN, HITCHHIKING
Hacer autoestop (expresión tomada
del francés faire de l'autostop), hacer dedo, pedir aventón,
entre otros términos, es una práctica realizada por viajeros
que buscan transporte
con otros viajeros que viajan en automóvil,
camión u otro medio de transporte. La distancia
recorrida puede variar de una distancia
corta que también podría fácilmente ser
caminada, a una larga que puede requerir
varios aventones.
Método
Para pedir autoestop, los autoestopistas,
en muchas partes del mundo, comúnmente estiran
su brazo hacia la calle o autopista y
levantan el
pulgar. Los conductores comprenden que esto
es una señal de que la persona solicita
que lo lleven. Un autoestopista también
puede sostener un papel o cartón con el
nombre de su destino escrito en él. Esto
es para beneficio de los conductores, y
les sirve para no detenerse a preguntarles
adónde se dirigen.
En otros lugares se pueden usar otras señales.
Por ejemplo, en Sudáfrica, un autoestopista
enseña la parte trasera de su mano con el
dedo índice levantado, en lugar del pulgar.
En Polonia, la mano es extendida y agitada.
En la India, la mano es agitada con la palma
hacia abajo. En Israel, la seña es apuntar
el camino con el dedo índice.
Casi nunca se da nada a cambio del favor
de llevarlos, aunque a veces el viajero
ofrece pagar dinero para el combustible.
A otros conductores les basta el hecho de
tener compañía en el camino.
Un autoestopista puede tener varias razones
para viajar de esa forma, entre ellas se
encuentran:
- no puede pagar otra forma de transporte;
- falta de transporte público;
- no hay transporte público en el momento
en que se desea viajar;
- el transporte público no pasa frecuentemente
por ese lugar;
- el último tren o camión del día pasa muy
temprano;
- perdió su camión o tren;
- por razones ecológicas o políticas (como
reducir la dependencia en combustibles fósiles);
- por el reto de usar recursos limitados
para llegar a algún lugar;
- por el sentido de aventura : viajar, conocer
gente nueva e inesperada, o simplemente,
no saber donde estará uno al final del día.
Los conductores también pueden tener varias
razones para recoger autoestopistas, por
ejemplo:
- quieren compañía al viajar;
- han viajado anteriormente como ellos y
están conscientes de la dificultad de hacerlo;
- solicitan drogas o sexo (CUIDADO!)
- por sentido de responsabilidad social.
- conductores que han quedado varados o
gente sin dinero o transporte como los indigentes
frecuentemente recurren a pedir aventón,
otros lo hacen por pasión e incluso como
deporte.
Localismos
El acto de solicitar transporte mediante
señas recibe una gran cantidad de denominaciones
en los países de habla hispana:
- Hacer autoestop en España.
- Hacer dedo en Argentina, Bolivia, Chile,
España, Paraguay y Uruguay.
- Pedir (un) aventón en México.
- Pedir raid, rai, ray, raite o ride (pronunciado
raid) en México, El Salvador, Nicaragua
y Costa Rica (calco del inglés hitch a ride).
- Pedir jalón en Guatemala y Honduras.
- Pedir bote o lift en Panamá.
- Pedir botella en Cuba.
- Pedir bola en República Dominicana.
- Pedir pon en Puerto Rico.
- Pedir (la) cola en Venezuela.
- Echar dedo en Colombia. Sin embargo, en
la costa caribe se habla de pedir chance,
mientras que en los Santanderes se conoce
como pedir la cola.
- Jalar dedo en Ecuador.
- Tirar dedo en Perú.
Miscelánea
Los autoestopistas, además de pedir aventón
pueden recurrir a otras formas baratas de
transporte, como caminar o usar el autobús
o el tren. Aunque en el imaginario colectivo
el autoestopista viaja sólo por carretera,
con cierta frecuencia los apasionados de
este estilo de viaje utilizan medios no
convencionales como yates, veleros o incluso
aviones, siguiendo la lógica del autoestop,
aunque con metodos más sofisticados que
requieren una alta capacidad de comunicación
y diplomacia.
En los Estados Unidos solía ser común pedir
aventón desde los años 70, especialmente
si se era joven. Sin embargo la práctica
en dicho país ha declinado en las últimas
décadas hasta el punto en que es extremadamente
raro ver gente pidiendo aventón hoy en día.
En Polonia, durante el régimen comunista,
el pedir aventón fue institucionalizado.
Mucha gente tenía documentos oficiales para
registrar sus viajes y le confirmarían al
conductor que el viaje fue realizado. Probablemente
ocurría igual en otros países comunistas.
En Cuba, los transportistas que viajan en
camión están obligados a levantar autoestopistas.
En Rumanía pedir aventón es parte de la
cultura, tanto que a veces resulta difícil
conseguir transporte de esta forma debido
a la intensa competencia.
En Europa del Este, especialmente en Lituania
y Rusia, pedir aventón casi se ha vuelto
en un deporte. Hay grupos de gente que lo
practica y se reúne normalmente, escuelas
de autoestopistas, competencias, equipo
y accesorios, etcétera. El primero de los
llamados clubes de autoestop fue el San
Petersburg Autoestop League, fundado en
1977. A éste poco después se sumaron la
Escuela de Autoestop de Moscú, la Academia
de Viajeros Libres, también en Moscú, y
el Club de Autoestop de Vilnius, Lituania.
Aunque estas entidades venían promocionando
el autoestop por medio de reuniones y competencias,
solo en la década del 90 emerge, gracias
a la internet, una comunidad organizada
de autoestopistas. Los clubes inician sus
propias páginas web, y viajeros comprometidos
con la disciplina comienzan a publicar sus
notas de viajes en páginas web y blogs.
Es también el inicio de una constante: los
clubes de autoestop utilizarán sus sitios
web para coordinar actividades en el mundo
real. Entre 1992 y 1993, el ruso Alexey
Voroy hizo el primer viaje de autoestopista
alrededor del mundo por medio de automóviles,
aviones y barcos. En la primera década del
siglo XXI, este progresivo movimiento hacia
la autoorganización, importado de Europa
del Este, aterriza en el continente americano.
Primero en Estados Unidos, donde Digihitch
se transforma en la primera página especializada
con encuentros anuales de viajeros. En 2002
nace Autostop Argentina, que desde entonces
realiza paralelamente en en continente sudamericano
encuentros de autostopistas denominados
"Pueblo Tomado". Fuente: Wikipedia
No sólo sirve
para marcar un estado de ánimo, si se apunta
para abajo está todo mal, si se lo orienta
para arriba es OK como lo hacen los estadounidenses,
no sólo es el pícaro gordo que se comió
el huevito como en el verso, no sólo sirve
para determinar nuestra huella dactilar,
los papis debieran decirle a los hijos que
el dedo pulgar también sirve para hacer
dedo, esto es pararse al costado de una
calle, de una ruta y estirando el brazo
moverlo acompasadamente hacia adelante ante
la presencia inminente de un auto en movimiento
en signo inequívoco de que también voy para
allá y necesito que me llevés.
Eran otros tiempos, cuando había menos malos,
cuando la violencia aún no nos ahogaba,
cuando todavía existía la buena fe. Se hacía
dedo incluso en traslados urbanos, veníamos
al centro desde Rivadavia o Desamparados
por Avenida Libertador o Ignacio de la Roza,
desde Santa Lucía por Hipólito Yrigoyen,
de Chimbas por Mendoza, de Rawson por General
Acha. Aparecía la variante de aprovechar
un semáforo en rojo y acercarse al conductor
para amablemente pedirle si nos podía acercar
hasta el Parque de Mayo o al centro mismo
y el tipo sonreía y te preguntaba cuántos
eran y te abría la puerta de atrás y encima
le conversabas tus cosas de pibe, de adolescente,
el señor o su esposa hasta se permitían
algún consejo. Tipos que se bajaban para
acomodar algunas cosas en la parte de atrás
de la camioneta para que uno pudiese viajar
medianamente cómodo, incluso lo hacían a
altas horas de la noche, a la salida de
una fiesta, y caraduras nos íbamos bajando
cada uno en la esquina más cercana a nuestras
casas.
Y lo hacíamos todos, jovencitos sí, pero
también señores con maletín en mano, los
muchachos que por aquel entonces cumplían
con el servicio militar y hasta mujeres
sin ningún tipo de segundas intenciones.
Seguro que este era el paso previo al sueño
casi unánime de convertirse en mochilero
y lanzarse a esas rutas de Dios para llegar
gratis a impensados y maravillosos lugares.
Hoy sólo vemos a estoicas maestras haciendo
dedo para ser trasladadas a Caucete, Albardón,
Sarmiento, Zonda, o algún policía o un trabajador
rural, pero es tan difícil, la desconfianza
nos ha ganado y es de ambos lados.
El domingo pasado a eso de las nueve de
la mañana salí con mi auto, me animé a detener
mi marcha para recoger a un hombre que me
hizo dedo, era un poco extraño, callado
pero de mirada segura, para colmo llevaba
un largo palo cruzado arriba por otro más
pequeño que a duras penas acomodamos en
el baúl, tenía barba, sus manos y pies estaban
heridos pero no se quejaba, era rara su
vincha, parecía hecha de espinas, y sólo
cubría su cuerpo con una manta blanca que
presentaba varias manchas al parecer de
sangre, le pregunté por su barrio y me contestó
"Galilea"; yo no sé dónde queda, la ruta
se complicó por el desborde de un canal,
pero justo cuando pasábamos nosotros las
aguas como que se abrieron, en un lugar
desértico pidió que me detuviera y se bajó,
dijo que iba en busca de su padre. Lo más
raro fue que de regreso, llegando a casa,
recién me di cuenta de que el hombre se
olvidó en el asiento de atrás un canasto
lleno de peces y otro repleto de pan.