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Hacer autoestop (expresión
tomada del francés faire de l'autostop) , hacer dedo, pedir
aventón, entre otros términos, es una práctica realizada por
viajeros que buscan transporte con otros viajeros que viajan
en automóvil, camión u otro medio de transporte.
La
distancia recorrida puede variar de una distancia corta que
también podría fácilmente ser caminada, a una larga que
puede requerir varios aventones.
El acto de solicitar transporte mediante señas recibe una
gran cantidad de denominaciones en los países de habla
hispana:
- Hacer autoestop en España.
- Hacer dedo en Argentina, Bolivia, Chile, España, Paraguay
y Uruguay.
- Pedir (un) aventón en México.
- Pedir raid, rai, ray, raite o ride (pronunciado raid) en
México, El Salvador, Nicaragua y Costa Rica (calco del
inglés hitch a ride).
- Pedir jalón en Guatemala y Honduras.
- Pedir bote o lift en Panamá.
- Pedir botella en Cuba.
- Pedir bola en República Dominicana.
- Pedir pon en Puerto Rico.
- Pedir (la) cola en Venezuela.
- Echar dedo en Colombia. Sin embargo, en la costa caribe se
habla de pedir chance, mientras que en los Santanderes se
conoce como pedir la cola.
- Jalar dedo en Ecuador.
- Tirar dedo en Perú.
Método
Para pedir autoestop, los autoestopistas, en muchas partes
del mundo, comúnmente estiran su brazo hacia la calle o
autopista y levantan el pulgar. Los conductores comprenden
que esto es una señal de que la persona solicita que lo
lleven. Un autoestopista también puede sostener un papel o
cartón con el nombre de su destino escrito en él. Esto es
para beneficio de los conductores, y les sirve para no
detenerse a preguntarles adónde se dirigen.
En otros lugares se pueden usar otras señales. Por ejemplo,
en Sudáfrica, un autoestopista enseña la parte trasera de su
mano con el dedo índice levantado, en lugar del pulgar. En
Polonia, la mano es extendida y agitada. En la India, la
mano es agitada con la palma hacia abajo. En Israel, la seña
es apuntar el camino con el dedo índice.
Casi nunca se da nada a cambio del favor de llevarlos,
aunque a veces el viajero ofrece pagar dinero para el
combustible. A otros conductores les basta el hecho de tener
compañía en el camino.
Razones
Un autoestopista puede tener varias razones para viajar de
esa forma, entre ellas se encuentran:
- no puede pagar otra forma de transporte;
- falta de transporte público;
- no hay transporte público en el momento en que se desea
viajar;
- el transporte público no pasa frecuentemente por ese
lugar;
- el último tren o camión del día pasa muy temprano;
- perdió su camión o tren;
- por razones ecológicas o políticas (como reducir la
dependencia en combustibles fósiles);
- por el reto de usar recursos limitados para llegar a algún
lugar;
- por el sentido de aventura : viajar, conocer gente nueva e
inesperada, o simplemente, no saber donde estará uno al
final del día.
Los conductores también pueden tener varias razones para
recoger autoestopistas, por ejemplo:
- quieren compañía al viajar;
- han viajado anteriormente como ellos y están conscientes
de la dificultad de hacerlo;
- solicitan drogas o sexo (CUIDADO!)
- por sentido de responsabilidad social.
- conductores que han quedado varados o gente sin dinero o
transporte como los indigentes frecuentemente recurren a
pedir aventón, otros lo hacen por pasión e incluso como
deporte.
Miscelánea
Los autoestopistas, además de pedir aventón pueden recurrir
a otras formas baratas de transporte, como caminar o usar el
autobús o el tren. Aunque en el imaginario colectivo el
autoestopista viaja sólo por carretera, con cierta
frecuencia los apasionados de este estilo de viaje utilizan
medios no convencionales como yates, veleros o incluso
aviones, siguiendo la lógica del autoestop, aunque con
metodos más sofisticados que requieren una alta capacidad de
comunicación y diplomacia.
En los Estados Unidos solía ser común pedir aventón desde
los años 70, especialmente si se era joven. Sin embargo la
práctica en dicho país ha declinado en las últimas décadas
hasta el punto en que es extremadamente raro ver gente
pidiendo aventón hoy en día.
En Polonia, durante el régimen comunista, el pedir aventón
fue institucionalizado. Mucha gente tenía documentos
oficiales para registrar sus viajes y le confirmarían al
conductor que el viaje fue realizado. Probablemente ocurría
igual en otros países comunistas. En Cuba, los
transportistas que viajan en camión están obligados a
levantar autoestopistas. En Rumanía pedir aventón es parte
de la cultura, tanto que a veces resulta difícil conseguir
transporte de esta forma debido a la intensa competencia.
En Europa del Este, especialmente en Lituania y Rusia, pedir
aventón casi se ha vuelto en un deporte. Hay grupos de gente
que lo practica y se reúne normalmente, escuelas de
autoestopistas, competencias, equipo y accesorios, etcétera.
El primero de los llamados clubes de autoestop fue el San
Petersburg Autoestop League, fundado en 1977. A éste poco
después se sumaron la Escuela de Autoestop de Moscú, la
Academia de Viajeros Libres, también en Moscú, y el Club de
Autoestop de Vilnius, Lituania. Aunque estas entidades
venían promocionando el autoestop por medio de reuniones y
competencias, solo en la década del 90 emerge, gracias a la
internet, una comunidad organizada de autoestopistas. Los
clubes inician sus propias páginas web, y viajeros
comprometidos con la disciplina comienzan a publicar sus
notas de viajes en páginas web y blogs. Es también el inicio
de una constante: los clubes de autoestop utilizarán sus
sitios web para coordinar actividades en el mundo real.
Entre 1992 y 1993, el ruso Alexey Voroy hizo el primer viaje
de autoestopista alrededor del mundo por medio de
automóviles, aviones y barcos. En la primera década del
siglo XXI, este progresivo movimiento hacia la
autoorganización, importado de Europa del Este, aterriza en
el continente americano. Primero en Estados Unidos, donde
Digihitch se transforma en la primera página especializada
con encuentros anuales de viajeros. En 2002 nace Autostop
Argentina, que desde entonces realiza paralelamente en en
continente sudamericano encuentros de autostopistas
denominados "Pueblo Tomado". Fuente:
Wikipedia
No sólo sirve para marcar un estado de ánimo, si se apunta
para abajo está todo mal, si se lo orienta para arriba es OK
como lo hacen los estadounidenses, no sólo es el pícaro
gordo que se comió el huevito como en el verso, no sólo
sirve para determinar nuestra huella dactilar, los papis
debieran decirle a los hijos que el dedo pulgar también
sirve para hacer dedo, esto es pararse al costado de una
calle, de una ruta y estirando el brazo moverlo
acompasadamente hacia adelante ante la presencia inminente
de un auto en movimiento en signo inequívoco de que también
voy para allá y necesito que me llevés.
Eran otros tiempos, cuando había menos malos, cuando la
violencia aún no nos ahogaba, cuando todavía existía la
buena fe. Se hacía dedo incluso en traslados urbanos,
veníamos al centro desde Rivadavia o Desamparados por
Avenida Libertador o Ignacio de la Roza, desde Santa Lucía
por Hipólito Yrigoyen, de Chimbas por Mendoza, de Rawson por
General Acha. Aparecía la variante de aprovechar un semáforo
en rojo y acercarse al conductor para amablemente pedirle si
nos podía acercar hasta el Parque de Mayo o al centro mismo
y el tipo sonreía y te preguntaba cuántos eran y te abría la
puerta de atrás y encima le conversabas tus cosas de pibe,
de adolescente, el señor o su esposa hasta se permitían
algún consejo. Tipos que se bajaban para acomodar algunas
cosas en la parte de atrás de la camioneta para que uno
pudiese viajar medianamente cómodo, incluso lo hacían a
altas horas de la noche, a la salida de una fiesta, y
caraduras nos íbamos bajando cada uno en la esquina más
cercana a nuestras casas.
Y lo hacíamos todos, jovencitos sí, pero también señores con
maletín en mano, los muchachos que por aquel entonces
cumplían con el servicio militar y hasta mujeres sin ningún
tipo de segundas intenciones. Seguro que este era el paso
previo al sueño casi unánime de convertirse en mochilero y
lanzarse a esas rutas de Dios para llegar gratis a
impensados y maravillosos lugares.
Hoy sólo vemos a estoicas maestras haciendo dedo para ser
trasladadas a Caucete, Albardón, Sarmiento, Zonda, o algún
policía o un trabajador rural, pero es tan difícil, la
desconfianza nos ha ganado y es de ambos lados.
El domingo pasado a eso de las nueve de la mañana salí con
mi auto, me animé a detener mi marcha para recoger a un
hombre que me hizo dedo, era un poco extraño, callado pero
de mirada segura, para colmo llevaba un largo palo cruzado
arriba por otro más pequeño que a duras penas acomodamos en
el baúl, tenía barba, sus manos y pies estaban heridos pero
no se quejaba, era rara su vincha, parecía hecha de espinas,
y sólo cubría su cuerpo con una manta blanca que presentaba
varias manchas al parecer de sangre, le pregunté por su
barrio y me contestó "Galilea"; yo no sé dónde queda, la
ruta se complicó por el desborde de un canal, pero justo
cuando pasábamos nosotros las aguas como que se abrieron, en
un lugar desértico pidió que me detuviera y se bajó, dijo
que iba en busca de su padre. Lo más raro fue que de
regreso, llegando a casa, recién me di cuenta de que el
hombre se olvidó en el asiento de atrás un canasto lleno de
peces y otro repleto de pan.