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VIDEO

 

 

Agosto 2007. Video, sonidos e imágenes de Londres.
(si el video se traba ponerlo en pausa y esperar que descargue por completo)

 

FOTOS

Galería con las mejores fotografías que tomé en Londres. 364 fotos.

 

por DAMIÁN TORRONTEGUI
Buenos Aires, Argentina
info@mochilero.info


Lunes 6 de Agosto de 2007. 03:38 PM. Había llegado el día. Cuatro meses planeándolo, pero toda una vida soñándolo. El avión de Tam empezó a carretear en la pista del Aeropuerto de Ezeiza. Salía apenas con ocho minutos de atraso. Al igual que las otras dos veces que despegué de allí, en el 2001 y 2003, el cielo estaba nublado. Viajaba del lado izquierdo en ventanilla, y sin nadie en el asiento de al lado. Volaba con destino a Londres, con escala previa en San Pablo, Brasil.

 

Antes de ir al aeropuerto, al igual que en mi anterior viaje, hice todo a las corridas... había ido a comprar los euros y las libras cuatro horas antes de que salga el avión, a una casa llamada Giovinazzo en Sarmiento y San Martín, en Capital Federal. Compré 800 euros y 250 libras. De allí me fui a despedir de mi familia, y me tuve que tomar un remise al aeropuerto, porque ya no llegaba para hacerlo en colectivo (bus) como lo tenía planeado.

La sensación de llegar a Ezeiza con la mochila sabiendo que uno se va es indescriptible, tenía una sonrisa de oreja a oreja. El primer trámite fue ir a despachar la mochila. La despacharon rapidísimo y seguido a eso pagué los U$S 18 de impuestos en otra ventanilla. Siempre conviene ya tenerlos en dólares, es más fácil con el cambio y se hace más rápido el trámite. Luego fui a declarar mi notebook Olivetti -recién comprada- y una cámara de fotos Nikon. Este era mi primer viaje de mochilero con cámara de fotos digital. La exprimí de tanto sacar fotos. Y la notebook fue una excelente compra porque me sirvió muchísimo durante todo el viaje y me ahorré muchísimos euros en Internet. Para poder ahorrar en serio hace falta Internet si o sí durante todo el viaje, ya que así se encuentras ofertas que de otro modo, comprando en persona, no se conseguirían. La notebook, al igual que la cámara, las llevaba conmigo en un bolso de mano, y el dinero lo tenía en un cinturón con bolsillos interno, pegado al cuerpo, con el pasaporte.

 

   

 

Luego de hacer los trámites me quedo mucho tiempo libre, faltaba una hora y cuarenta minutos para que salga el avión. Así que empecé a dar vueltas y sacar algunas fotos. Subí y me dirigí a hacia migraciones. Pasé enseguida y pasee un poco por los freeshop. Intenté conectarme a Internet por wifi, pero la única señal era de Arnet, y era paga... y muy cara, así que desistí de la idea de conectarme. Con tanta espera al menos tendría que haber wifi gratuita... pero luego descubrí que esto se repetía en casi todos los aeropuertos en los que estuve.

Llegó la hora y fui a embarcar a la puerta de Tam. Obviamente primero subieron los de primera clase, y después el resto. Últimos pasos pisando suelo argentino. Me dirigía por la manga hacia el avión y estaba feliz. Como siempre hago por costumbre le di una palmadita a la cubierta del avión mientras entraba por la puerta y di con el pie derecho mi primer paso en el gigante de metal.

Y empezó lo clásico... no podía avanzar porque todos se estaban acomodando... no se por qué la gente viaja con tantas cosas a bordo... pero bueno, mientras esperaba recibía los agradables saludos de las azafatas brasileras con sus sonrisas infinitas y perfectamente presentadas con sus uniformes de color rojo y blanco.
 


Logré acomodarme en mi asiento, yo había pedido ventana. Estaba cerca del ala pero por suerte no me tapaba la vista. Faltaban aun veinte interminables minutos para el despegue. Por suerte nadie se sentó a mi lado. Lamentaba no haberme comprado un mp3... todavía no estaba encendido el sistema de música del avión, así que no quedaba otra que tener paciencia... Al rato empezó la peor parte... las azafatas explicando todas las desgracias que pueden llegar a ocurrir en el avión con las mascarillas, los salvavidas, etc etc... no se cómo algunas no salen corriendo y gritando al escuchar eso... por suerte no duró mucho y llegó el momento del despegue.

Me había olvidado un poco cómo era el asunto de despegar... habían pasado cuatro años de mi anterior viaje al extranjero... el avión es llevado por la pista, hasta que empieza a andar sólo, da unas vueltas y se ubica en la pista principal. Allí toma potencia y empieza a ir cada vez más rápido. Estando adentro la verdad que no se siente a la velocidad en que despega... Todos quietos y en silencio. Algunos hojean las revistas de Tam. 10, 9, 8, 7, 6, 5, 4, 3, 2, 1... cerré los ojos unos segundos, pensé en mi familia. Despegó. Ezeiza se hace chiquito. Todavía el avión está inclinado pero no se siento tampoco eso estando allí. Gira hacia la derecha y empieza a estabilizarse mientras sigue subiendo. Las casas se hacen cada vez más chicas. Sube al nivel de las nubes, y ya no se ve más nada. Listo, todos empiezan a hablar sin parar, se levantan, van de acá para allá... se escucha un bebé llorar... lo normal. Por supuesto la mayoría eran brasileros, luego me enteré que de ese vuelo yo era el único que hacía conexión a Londres.

Increíblemente y por suerte a las 5 de la tarde sirvieron... almuerzo o cena? no se que vendría a ser... pero me comí todo, tenía mucha hambre. Nos dieron carne, con puré de papas, y algunas cosas más como zuko de laranja (jugo de naranjas). Los días anteriores al viaje había estado muy nervioso, casi sin dormir. Había trabajado hasta la noche anterior, y renuncié a mi trabajo esa misma mañana del vuelo (era encargado del Business Center del Hotel Panamericano). Había trabajado ahí un año y me sirvió para ahorrar dinero para este viaje, pero no me quedaba otra que renunciar, ya que yo tenía planeado irme a Europa como mínimo tres meses.

 

Dos horas y pico después estábamos llegando a Sao Paulo (San Pablo). Era cierto que es gigante como Buenos Aires, miles y miles de edificios altos por todos lados. Todos los techos de las casas eran colorados. Sumado a un atardecer perfecto, era un paisaje sumamente disfrutable.

Aterrizamos. Al hacerlo fue imposible no recordar que hace unas semanas atrás en esa misma ciudad, pero en el aeropuerto de cabotaje, habían muerto muchísimas personas por un avión que no logró frenar y se estrelló contra los tanques de combustible. Pero bueno, volar es así, es azar puro, y aun así sigue siendo mucho más seguro que cualquier otro medio de transporte. Lo malo es que hay menos probabilidades de supervivencia en un accidente aéreo. Pero bueno, desgracias ocurren en todos lados, así que traté de no pensar en eso. Volví a pisar Brasil seis años después de mi anterior escala en Río de Janeiro. El aeropuerto era enorme, todo decorado con azulejos verde esmeralda. Me revisaron de nuevo los policías, y luego fui a hacer el trámite para que me den el nuevo ticket con el asiento. Tenía cinco horas de espera por delante.

 

De nuevo intenté captar internet wireless pero no, tampoco había... sólo una pero era paga. Intenté enchufar la notebook pero me di cuenta que los enchufes eran distintos. Me puse a caminar... me propuse no comprar nada de nada... había bombones Garoto y camisetas de Brasil por todos lados... Vi una publicidad enorme de Visa... o de Mastercard, no me acuerdo bien, en la que estaba el Obelisco de Buenos Aires... ahora si me empezaba a sentir lejos de casa... y de golpe veo algo demasiado familiar: un local de Havanna (un negocio donde venden alfajores argentinos)... me acerqué y vi los precios: el doble que en Argentina... y me moría de ganas de comer uno! al fin y al cabo iba a estar 3 meses sin dulce de leche...
Entable conversación con la chica que atendía el local y su compañero, ambos brasileros, que nunca había ido a Argentina. Híper simpáticos ambos, así que me quedé allí las siguientes cuatro horas. Los chicos amablemente me regalaron alfajores jeje. Pero me empezó a dar sed, y ahí no tenían nada, así que fui al local de al lado y compre una botella de agua mineral a 3 Reales ($ 6 argentinos)... de casualidad tenía monedas de dólar, así que la compré con eso... me pareció demasiado cara, ya que la misma en Buenos Aires se consigue a menos de la mitad de ese precio. Eso me hizo acordar a lo que se me venía. Ya estaba resignado que iba a estar 3 meses en Europa tomando agua de la canilla (grifo) y comiendo fideos baratos, ya que todos me decía que los precios eran altísimos. El tiempo revirtió esos pensamientos por suerte.
 


Llegó la hora del despegue, me despedí de mis nuevos amigos y me dirigí a la puerta de embarque y... Dios, el avión era enorme! jaja... muchísimo más grande que el anterior. ¿Eso iba a volar sobre el Atlántico tantas horas?... Sí, así fue. Subí, me tocó ventanilla del lado derecho, también cerca del ala. Ya era de noche. Despegó a la hora señalada: treinta minutos pasada la medianoche. Ya era 7 de Agosto de 2007.

Sirvieron rapidísimo la cena. Esta vez elegí pastas. Luego intenté dormir, pero solo lo lograba de a ratos, estaba muy ansioso por llegar a Londres. por las ventanillas no se veía nada, absolutamente todo negro. Faltaban aun muchas horas. Eran once horas de vuelo entre San Pablo y Londres.

 

De día empezó a hacer mucho calor en el avión. Eso no me gustaba, nunca había tenido calor estando en un avión, al contrario. Y demasiados gritos, la gente no paraba de hablar. El vuelo se me estaba haciendo demasiado largo. Dieron el desayuno. Ya quedaban sólo cinco horas. Cinco interminables horas. De pronto por fin se abrieron las nubes y logré ver el océano Atlántico con su azul majestuoso. Que palabra rara acabo de usar... me hizo acordar a Johny Tolengo jajajaj. De ahí en más seguí mirando todo el tiempo por la ventana, escuchando música, y viendo como avanzaba el viaje en el mini televisor, con el mapa que iba diciendo por donde íbamos. Pero no veía tierra. Me lo imaginaba a Cristóbal Colón ahí abajo también esperando ver tierra, pero yendo para el otro lado. El mapa decía que estábamos muy cerca de África. Y sí, de golpe empecé a observar islas y otros montículos de tierra. Luego vi la costa africana, era la primera vez que veía ese continente. Pasamos por encima de las islas Azores, pero no las vi bien ya que de nuevo las nubes empezaron a tapar todo. El mapa del televisor decía que nos estábamos acercando al continente europeo.

 

Y sí, por fin había llegado a Europa oficialmente. Se abrieron las nubes y pude ver muy claramente la costa de Portugal. No tenía en mis planes ir allí, pero viendo todo desde arriba me habían dado ganas. Cada vez estaba más ansioso, no veía la hora de llegar. Faltaba cada vez menos.

De golpe abajo se veia solo tierra, supongo que era el norte de España y sur de Francia. Aparece el legendario Canal de la Mancha. Al rato hacia lo lejos logro divisar tierra de nuevo. Estaba llegando a la isla del Reino Unido de la Gran Bretaña. Tenía muchísimas nubes encima, pero muchísimas. Y todas concentradas allí. Yo pensaba que me iba a tocar mal tiempo. Flasheaba que había niebla.

11:21 AM en Argentina, 03:21 PM en Londres marcaba el televisor mapa. Apenas faltaban 10 minutos para el aterrizaje. Londres. Allí me esperaba un gran amigo: Gustavo. Es argentino pero vive allí desde el 2003. Me imaginaba a Londres una ciudad vieja, con un clima espantoso, con mucha gente mayor, de trajes oscuros. Me la imaginaba oscura a la ciudad, sin vida. Vaya si me equivoqué...

Cada vez más bajo, ya los autos se veían muy cerca. Sobrevolamos el río Támesis. A lo lejos me pareció ver la rueda del milenio y la abadía del Westminster. Cinturones abrochados. Llegó el momento. 03:38 PM. Aterrizamos en el aeropuerto de Heathrow.

Pasaron casi veinte minutos hasta que nos dejaron salir del avión. Tomé mi bolso y por fin estaba saliendo. Tenía sueño, pero no me importaba nada. Mientras salíamos las azafatas y los pilotos nos saludaban. 03:57 PM del día Martes 7 de Agosto de 2007 pisé suelo londinense y europeo por primera vez en mi vida. Feliz es poco.

Y ahora llegaba el momento tan temido: pasar migraciones. Era mi gran miedo. Se decía que no dejaban pasar así nomás y que a muchos los devolvían al país de origen, que había que demostrar 30 euros por día de estadía, carta de invitación, pasaje de vuelta, etc. Yo llevaba los 800 euros, 250 libras, tarjeta de crédito Visa (con un límite muy bajo), seguro de viaje Assist Card (pero sólo duraba un mes), y mi pasaje de vuelta estaba decía que me volvía al mes (luego lo iba a cambiar, ya que era abierto y sin penalidades, en teoría). También tenía los datos de mi amigo que me iba a hospedar, su dirección, su trabajo, etc. Él me recomendó decir que era ciudadano italiano, que lo iban a tomar mejor, lo cual era cierto porque tiene doble ciudadanía, pero es argentino. Días antes de viajar me había anotado posibles preguntas y respuestas y pensaba  ensayarlas. Pero al final no lo hice, decidí ser espontáneo.

 

Esperé un buen rato en la fila. Como estaba muy nervioso y también aburrido me puse a sacar fotos. Saqué dos pero de pronto veo un cartel que decía que estaba prohibido sacar pictures. Bueno si ven la foto, aunque esta un poco fuera de foco, pueden observar que hay varios mostradores donde los agentes de migraciones deciden si uno entra al país o no, y detrás de ellos hay una oficina con un vidrio gesell espejado, donde observan a todos, y a veces aunque te dejen pasar los agentes, ellos pueden retenerte y hacerte más preguntas. En otro sector estaban las personas a las que no habían dejado ingresar. Eran muchas. En la fila había gente de todas las razas, sobre todo muchos hindúes, también asiáticos y norteamericanos. Argentinos ninguno excepto yo (léase "sho" D:). Había varios agentes en los mostradores: una rubia bien inglesa, blanquísima, muy simpática. La gente pasaba rapidísimo por su mostrador. Al lado un hombre mayor con cara de vinagre. Daba miedo. Ése me tocó. Puse mi mejor cara de turista, casi sonriendo, mirando para todos lados. Le dije "good afternoon" (buenas tardes). Ni me miraba, sólo miraba mi pasaporte. Me preguntó si era nuevo y le dije que sí, que lo había sacado hace un mes atrás, pero que tenía uno anterior. En el escritorio apoyé la cámara de fotos, el pasaje y el Assist Card bien visibles para que no le quepan dudas de que era turista y esos eran mis fines. me preguntó si estaba de vacaciones, por cuánto tiempo pensaba quedarme. Yo le respondía lo más natural posible, se inglés, pero no soy tan bueno hablándolo. Le dije que me iba a quedar en lo de un amigo que era italiano, le dije donde estudiaba y donde trabajaba, y le mostré un papel con su dirección. Volvió a leer el pasaje aéreo. Tardaba mucho en leer todo, así que me puse más nervioso aun. Me transpiraban las manos. Hacía mucho calor. Y de golpe un plaaaf me hizo saltar. Estampó con todo el sello de visado contra el pasaporte. Me devolvió todo y dijo "next please" (siguiente por favor). Le dije thank you (gracias), y sin guardar nada ni acomodarme bien las cosas que había mostrado empecé a caminar rápido, estaba contentísimo. Recuperé mi respiración y latidos normales mientras avanzaba. Quería reencontrarme ya con mi mochila. Pasé la aduana lo más bien, me hacían sacar la notebook afuera del bolso siempre. luego fui a las cintas giratorias donde se recoge el equipaje. Por suerte enseguida apareció mi mochilota verde y negra rodeada de valijas carísimas jaja. Me la puse, me acomodé bien todo, y ya estaba listo. Ahora a buscar dónde quedaba el underground (metro o subte).

El momento de salir al meeting point siempre es gracioso. Decenas de personas con carteles esperando pasajeros, taxistas ofreciéndote llevar, promotoras queriendo venderte cosas, etc. había demasiada gente y no veía ningún cartel que dijera metro. Caminé un poco más y ahí lo vi, era hacia la derecha y no hacia la izquierda hacia donde debía ir. Bajé por una escalera mecánica, caminé por un pasillo largo y ahí estaba el cartel: underground, negro y amarillo. Todo era perfecto, limpísimo y moderno. Lo extraño es que no había nadie. ¿Sería porque era la hora del té? Ja. Caminé a la ventana de venta de pasajes. Me atendió un hombre de raza negra mientras hablaba por teléfono. "Yes sir" me dijo. Compré un pase se una semana de la tarjeta prepaga Oyster Card, la cual vale £ 23,20 más £ 1,80 de seña por la tarjeta, que te lo devuelven cuando devolvés (devuelves) la tarjeta en buenas condiciones. me servía desde el 7 hasta el 13 de Agosto inclusive, y me servía para viajar libremente la cantidad de veces que quisiese tanto en subte (metro), tren o colectivo (buses), solo pasándola por el lector magnético, dentro de las zonas 1, 2 y 3 de Londres. Aproximadamente las £ 23 pounds (libras esterlinas) equivalen a 40 dólares o 120 pesos argentinos. Sí argentinos leyeron bien, en Londres pagás $ 17 pesos por día y viajas las veces que quieras, por todos lados. En Argentina con 17 pesos no te podés comprar ni un combo en Mc Donalds.

En síntesis: Pase ilimitado en metro, tren y bus: £ 3,30 ó U$S 6 ó $AR 17 por día de 24 hs. El metro funciona todo el día hasta la medianoche.

 

Tarjeta Oyster Card

 

Yo me encontraba en la Terminal 4 de Heathrow. No había casi nadie esperando el metro. Me parecía raro eso. Llegó enseguida. El techo era un poco más bajo que los de Buenos Aires, y no eran cuadrados sino con forma de tubo, con techo redondeado. Lo que no sabía en ese momento era que el viaje era muy corto, porque el recorrido era sólo hasta la Terminal 1, 2 y 3. me bajé y del otro lado ya estaba por salir el otro que sí iba hacia el centro.

Corrí y logré subirme. Era la línea azul en el mapa, la Piccadilly line. Me senté y me puse la mochila al lado. Un inglés me la agarra y me la pone en un costado, lo cual no me gustó para nada... pero es que no se podía llevar la mochila en el asiento. Había un cartel que decía que las valijas debían ponerse en un lugar al lado de la puerta. El vagón estaba lleno de diarios gratuitos tirados. Regalan mucho ese tipo de diarios en Londres, y la gente los lee y los deja ahí, pero con el viento se van volando. Arrancó. Last train to London.

 

 

El viaje al centro de Londres dura bastante, son muchas estaciones (más de 15), Eran las 04:34 PM. Había quedado en encontrarme con mi amigo a las 04:30 así que ya estaba llegando tarde. El metro va bajo tierra pero varias veces sale al exterior. Cuando llegué a la estación Green Park me bajé e hice combinación con la línea gris: Jubilee line. Obervaba a las personas. Me acordaba del atentado en el metro de Londres dos años antes. Creo que no les gusta mucho ver a alguien con una mochila enorme... pero en la línea azul es normal, porque va al aeropuerto, pero en las otras no. Y es incómodo porque viaja muchísima gente. Me iba fijando en un mapita chiquito por donde estaba yendo. Estaba debajo del Big Ben y al rato debajo del Támesis. Y por fin llegué a la estación Canary Wharf. En el andén (plataforma) de la estación se abren puertas automáticas en el momento en el que el metro se detiene, y en alineación con las puertas de las formaciones. Me sentía en el año 2050. Estaba en el futuro. me sentía muy raro y perdido. la estación de Canary Wharf es gigantesca. Como no sabía bien hacia donde ir, hice lo que siempre hago en estos casos: seguir a las masas de gente. Subí unas escaleras mecánicas enormes, larguísimas, nunca había subido unas tan largas. La regla principal al subir estas escaleras es dejar el lado izquierdo de las mismas para que los que estén apurados pasen por ahí, incluso corriendo. Mientras subía el paisaje era digno de la película Metrópolis, y entendí por qué mi amigo Pablo me dijo que Londres era más espectacular que New York: la estación tenia un techo transparente por el cual se veían rascacielos enormes. Canary Wharf es la zona empresarial y financiera más importante de Londres, y de Europa. Para salir de la estación hay que volver a pasar la Oyster por el lector magnético. Salí al exterior: por fin estaba en Londres 100 % libre.

No era el Londres triste y oscuro que me imaginaba. Calor, Sol, colores, todo lo contrario a lo que pensaba antes. Era tarde, y no sabía bien donde estaba parado. Intenté llamar por teléfono a mi amigo pero estos solo aceptaban tarjetas telefónicas, y yo ni siquiera tenía monedas ni cambio. Tampoco veía donde cambiar 100 libras... así que se me ocurrió ir directamente hacia el hotel donde trabajaba mi amigo, muy cerca de allí. Como soy bastante mandado pensaba que me dirigía bien por donde iba, pero me estaba equivocando. Me acerqué aun policía y por suerte me explicó cómo llegar. Tenía que cruzar algunas calles y luego un puente.

Me preguntaba si Canary Wharf se copió de Puerto Madero o al revés... creo que al revés. Todo era muy parecidos, sobre todo los diques (docks).

Creo que yo era el primer mochilero en Canary Wharf. Todo estaban impecables, con traje, las mujeres perfectas desde los zapatos hasta el cabello, me sentía que estaba adentro de una sitcom o serie de Sony o de Fox. Muchos tomaban sol con el traje puesto. ni un papelito en el piso, nada, todo perfecto, piso, paredes, árboles, veredas, cordones, todo pensado para que dure mucho evidentemente. Ya me iba acercando, cruce un puente modernísimo, y llegué al hotel, el cual ya lo había visto antes por fotos, así que lo reconocí enseguida. La cara del bellboy cuando me abrió la puerta del hotel... ¿un mochilero en un hotel 5 estrellas? se preguntaría. Le pregunté al conserje por mi amigo, pero me dijo que ya se había retirado. Muy amablemente se ofreció a llamarlo por teléfono. Me atendió mi amigo y respire aliviado, por fin una voz conocida, y volví a hablar en español después de 24 horas hablando en inglés. Me dijo que lo espere en el puente que había cruzado hace un rato.
 

Magazine Canary Wharf, revista gratuita


06: 49 PM. Mientras esperaba saqué algunas fotos. Por suerte mi amigo llegó enseguida, ya que estaba a sólo 4 cuadras de allí. Le di un gran abrazo. Nos dirigimos a su casa en Tower Hamlets, pegado a Canary Wharf. Para ir cruzamos una autopista por un puente elevado. La vista de los rascacielos desde allí era impactante. Llegamos, me acomodé y me pegué una ducha. Luego nos pusimos a tomar mate (le había llevado unos cuantos kilos de yerba mate de regalo). Se siente raro tomar mate estando tan lejos.

 

En Londres estuve dos semanas en la primer parte del viaje, y luego casi dos semanas a la vuelta, así que una gran parte del viaje lo pasé en esta ciudad que me fascinó por completo y espero poder volver en el 2009.

 

 

Tuve dos guías de lujo: mi amigo Gustavo y su amigo Rafael, guatemalteco que trabaja y vive allí también. Todos hemos compartido salidas, almuerzos y cenas, y tragos que preparaba Chape, el roomate de Rafa... lástima que uno de esos tragos fue a parar al teclado de mi notebook en los últimos días del viaje en Octubre... y el alcohol me lo arruinó, pero bueno, accidentes que pasan en los viajes. También en Octubre se sumó Pato, un amigo argentino que fue a realizar un viaje similar al mío, pero arrancó después que yo.

En Londres es muy difícil reconocer londinenses, la mayoría son extranjeros. La ciudad tiene un ritmo impresionante, mis primeros días allí estuve mareado, la red del metro es enorme. Prácticamente no hay forma de recorrer la ciudad caminando, sólo en metro o subte, ya que no existe ninguna avenida clara que uno pueda seguir e ir a varios lados, las manzanas son redondeadas, es muy fácil perderse al caminar. La mejor guía es el mapa del metro e ir recorriéndola así.

 

 

Más abajo les dejo la lista de lugares interesantes que se pueden conocer... pero son infinitos... y todo esto sin contar lo que se puede hacer en las afueras de Londres...

 

En Londres viví una experiencia muy rara para un mochilero: pasar todo un día en un hotel 5 estrellas. Mi amigo trabaja en uno, así que me consiguió para pasar un día allí, con spa, pileta de natación, desayuno, etc todo incluido. Estuvo muy bueno, una experiencia muy distinta... al menos por un día había pasado del otro lado del mostrador, ya que medio 2006 y medio 2007 trabajé en un 5 estrellas de Buenos Aires. Pero... para un mochilero es aburrido, así que con un día fue suficiente.

 

Si tuviese que elegir un lugar para recomendar es difícil... porque hay muchos y bien distintos:

En primer lugar sería Camden, con su enorme mercado donde puedes encontrar camperas de cuero usadas a £ 10; o puedes degustar comidas de muchísimos países en stands ubicados en un gran patio (empanadas argentinas a £ 1 c/u). Es recomendable ir allí al menos con £ 50 para comprarte cosas, porque hay de todo, sobre todo cosas de los '60 y '70... Camden lo conocí guiado por mi amigo Rafa quien ama ese lugar. El día que fuimos comimos comida alemana riquísima: un "Schupfnudeln" a £ 5, con Bavarian sausage (salsa), sino sólo costaba £ 3.

 

Otro lugar sin duda es el pintoresco Portobello Road, en Notting Hill, el barrio donde se filmó la famosa película de Julia Roberts "Un lugar llamado Notting Hill". Son como once o doce cuadras con muchísimos puestos. Es recomendable ir los sábados a la mañana.

 

Para conocer el Londres más moderno hay que ir a Canary Wharf. Se pone muy bueno cuando se termina el horario laboral y todos los trabajadores van a tomar cerveza a los pubs de la zona. Lo curioso es que mayormente toman parados, no se sientan, sino que salen afuera y toman de pie. Allí también se encuentra el edificio más alto de Europa: el One Canada Square, construido por un arquitecto argentino.

 

 

Los lugares turísticos clásicos: la torre del reloj en Westminster, con su campana Big Ben. Me pasó que de casualidad llegué a escucharla sonar, porque al otro día entraba en reparación por varios meses. También hay que ir al Tower Bridge, Buckingham Palace, Piccadilly Circus, etc. La lista es enorme, la pueden ver más abajo.

El Museo Británico es el que más me interesó, la entrada es gratuita; conviene ir con apuntes acerca de las cosas que hay dentro.

 

Para salir a la noche hay de todo, la oferta es infinita, pero lo curioso es que salen muy temprano, y la gran mayoría se vuelve corriendo a sus casas a la medianoche, que es cuando cierra el metro; ya que hacer el mismo viaje en autobús es muy complicado y se tarda más; aunque igual hay lugares que siguen abiertos hasta tarde. Generalmente no cobran entrada y tomar es bastante barato, por ejemplo cervezas a £ 1.

 

Luego de pasar dos semanas bajo un poco normal sol radiante londinense, mis planes eran seguir hacia Holanda. Compré por Internet una oferta de los autobuses Eurolines UK para ir a Amsterdam por £ 14. Un precio excelente. El viaje duraba 11 horas, vía el Canal de la Mancha (Eurotunnel),  aunque escuché que hay gente que compró el mismo pasaje y cruzaron el canal en Ferry... parece que es medio al azar eso.

Pero tuve mala suerte. Mi micro (autobús) salía a las 8 de la mañana... y yo había leído que había que estar una hora antes, pero no le do mucha importancia... estaba acostumbrado a que en Argentina podes subirte hasta dos minutos antes de que salga... Así que llegué a Victoria Couch Station mas o menos a las 7:20 de la mañana... vi que había gente esperando sentada, así que supuse que era como en Argentina... pero no. Como tenía tiempo y había wifi gratis saqué la notebook y me puse a navegar. Cuando se acerca la hora, me dirijo al autobús y no me dejan subir. Me dice que tenía que hacer el check in pero que ya no podía. Había perdido la oferta de £ 14.

 

 

Tuve que comprar otro pasaje, pero esta vez me salio £ 32 lamentablemente, y esperé dos horas y media a que saliera. El asunto de los autobuses en Londres, al menos en Eurolines, es así: hay que estar exacto una hora antes de la partida del mismo, y hacer el check in como si fuese el aeropuerto. Se hace una fila, te piden pasaporte y el ticket, y ahí te dan el boarding pass. También se puede despachar la mochila, pero yo la lleve conmigo. Luego de eso hay que esperar que sea la hora de partida. Fue malo lo que me pasó, pero así aprendí, y pude advertirle a otras personas que lo hicieron luego.

Me iba de Londres con mucho entusiasmo hacia Europa continental, sabiendo que iba a volver allí dentro de dos meses, ya que mi vuelo de regreso a Argentina salía desde allí.

PRÓXIMA CIUDAD: ÁMSTERDAM (muy pronto subo la info)

 

 

LUGARES PARA CONOCER

 

CONSEJO: Si colocas el cursor sobre cualquier link y haces click con la rueda del mouse, este se abrirá en una nueva pestaña o ventana

 

- WESTMINSTER
- HOUSES OF PARLIAMENT
- BIG BEN
- WESTMINSTER ABBEY
- WESTMINSTER CATHEDRAL

- CAMDEN TOWN LOCK MARKET

- PORTOBELLO ROAD

- NOTTING HILL

- CANARY WHARF

- ONE CANADA SQUARE

- TOWER BRIDGE

- TOWER OF LONDON

- LONDON BRIDGE

- BRITISH MUSEUM

- TRAFALGAR SQUARE

- PICCADILLY CIRCUS

- OXFORD CIRCUS

- SOHO

- CHINATOWN

- BUCKINGHAM PALACE

- GREEN PARK

- ST JAMES'S PARK

- HYDE PARK
- KENSINGTON GARDENS

- KENSINGTON PALACE
- HARRODS

- BOND STREET

- OXFORD STREET

- REGENT STREET

- MADAME TUSSAUD'S

- ST PAUL'S CATHEDRAL

- TATE MODERN

- NATIONAL GALLERY

- GLOBE THEATRE
- IMPERIAL WAR MUSEUM
- CHARLES DICKENS MUSEUM

- MUSEUM OF LONDON

- SCIENCE MUSEUM
- POLLOCK'S TOY MUSEUM

- ABBEY ROAD

- MILLENIUM DOME

- WEMBLEY STADIUM

- LONDON ZOO

- LONDON EYE

 

 

DE TODO UN POCO

 

Para comprar ROPA económica y buena: Primark Stores: 54-56 High Road Kilburn, 200 mts estación Kilburn Park, frente al banco Santander Abbey.

(entre otras cosas compré un pantalón deportivo por £ 2,50; remeras (playeras, camisas) por £ 3)
Link: http://www.primark.co.uk/all_store_details.php?store_no=507

 

 

Para comprar COMIDA: Yo iba mayormente al supermercado Sainsbury's y al Somerfield, en Canary Wharf y en Earl's Court.
(botella grande de agua mineral Evian £ 0,90; fideos £ 0,60; tortellonis £ 1,59; 1 litro Nesquik £ 1,42; Pringles grandes £ 1,60...)

 

 

 

LINKS

CONSEJO: Si colocas el cursor sobre cualquier link y haces click con la rueda del mouse, este se abrirá en una nueva pestaña o ventana.

Hostel World www.hostelworld.com

Eurolines (autobuses) www.eurolines.com

Hospitality Club (alojamiento gratuito) www.hospitalityclub.org

Couchsurfing www.couchsurfing.com

Trabber (buscador de aéreos low cost -baratos- de diferentes empresas) http://www.trabber.com/es/

Ryan Air (aéreos low cost, la más económica, aeropuertos alejados) http://www.ryanair.com/site/ES/

Easy Jet (aéreos low cost, generalmente usa aeropuertos importantes, no los alejados) www.easyjet.com

autobuses en Europa BusAbout http://www.busabout.com/FlexiTrip

tren europeo EURAIL PASS http://www.eurail.com/

tren europeo TGV - ofertas http://www.tgv-europe.es/

transporte en Londres http://www.tfl.gov.uk/

autobuses low cost en Inglaterra http://www.megabus.com/landing.php

Victoria Coach Station en Londres - cómo llegar http://www.tfl.gov.uk/gettingaround/1210.aspx

clasificados en Londres http://www.gumtree.com/

hostel en Londres Ashlee http://www.ashleehouse.co.uk/

hostel en Londres http://www.spencerrolfe.com/

requisitos para entrar a Reino Unido, Inglaterra http://www.ind.homeoffice.gov.uk/visitingtheuk/visitors/eligibility/

low cost international calls from UK http://www.telediscount.com/

César pelli, constructor argentino del One Canada Square http://es.wikipedia.org/wiki/C%C3%A9sar_Pelli

webcam en vivo: Londres http://www.earthcam.com/uk/england/london/index.php

webcam en vivo: Londres: Big Ben http://www.camvista.com/england/london/bigben.php3

Diana Spencer, Lady Di, princesa de Gales http://es.wikipedia.org/wiki/Lady_Di

Atentados del 7 de Julio de 2005 en Londres http://es.wikipedia.org/wiki/Atentados_del_7_de_julio_de_2005

Juegos Olímpicos Londres 2012 http://es.wikipedia.org/wiki/Juegos_Ol%C3%ADmpicos_de_Londres_2012

 

 

 

LONDRES: "Cara y ceca de un escenario que muestra sus contrastes"


texto y fotos: César de Luca
 


Desde la butaca del expreso al aeropuerto sobre la que acabo de acomodarme (me subí en Victoria Station y en algo más de 30 minutos me dejará en Gatwick) las instantáneas que me llevo de Londres se apilan en mi memoria. Y si me piden que sea breve para definirla, diría apenas: Londres hoy es puro contraste.

 

Escena 1 Es como si hubieran dicho: "¿Por qué no estropeamos Londres para celebrar el nuevo milenio?" Para festejar la llegada del 2000, a los ingleses se les ocurrió montar una rueda de bicicleta junto al Támesis, rodeada por treinta y dos capsulitas, con inevitable reminiscencia a las de vaselina, que muestran, desde lo alto y en eterno movimiento (tarda media hora en completar la vuelta), lo maravillosa que la cultura británica fue hasta hoy. Anacrónica, kitsch, todo el mundo quiere ver Londres desde donde nunca antes se la vio. Los fines de semana, las colas serpentean por la orilla del río con un orden tan british que contagia. Las lecciones de obediencia que los ingleses impartieron por el mundo fueron bien aprendidas. Y yo no voy a ser menos. Aquí estoy, comiéndome el garrón de cuarenta y tantos minutos, siguiendo a esa sueca que podría estar mejor, encarnación perfecta del deshonor a la fama de diosas que tienen sus compatriotas. Seguiré esas espaldas tan poco prometedoras hasta que me encapsulen y el paisaje me distraiga. Mientras tanto, la tarde se me escapa, justo ahora que hay sol y Londres va tomando un tonito golden. Justo ahora que podría estar caminando por Trafalgar Square, o tirado en el green de Hyde Park, ese espacio verde que antiguamente fue coto de caza real, escenario de duelos, ejecuciones y carreras de caballos y hasta una gigantesca plantación de papas durante las Segunda Guerra Mundial. Pero volvamos a lo que más me preocupa: ¿por qué esta sueca no tiene algo de Ursula Andress?

 

Escena 2. La Guardia Real, espectáculo ridículo si los hay. Los ingleses lo saben. Como conocen el deseo bobalicón del viajero que estrena carné de turista y lo complacen. En el fondo, a muchos les gustan los uniformes, aunque no lo quieran reconocer. Los británicos saben que este numerito en vivo es parte de su circo, y por más que me ría en su cara, seguirán haciéndolo. Lo que no me van a permitir es cruzar de la vereda del Palacio de Buckingham a la plaza mientras los bobbies estén marchando. "Bobis" quedamos nosotros, apilados en manada viendo el desfile ritual que se repite cada mañana, a las 11 en punto. Para amenizar, esta vez trajeron escoceses, impostores que hacen sonar sus gaitas y flautines, mientras un par de italianas se ríen ante la posibilidad de que un viento travieso nos muestre lo que estos señores barrigones portan debajo de esas faldas a cuadritos. Espero que termine el show para poder cruzar y, sin pisar las flores del parque, escapar hacia el Candem Market. Mientras Buckingham asiste a la ceremonia con mayúsculas, varios cientos de ecologistas, anticapitalistas y demás plantan semillas de cannabis sativa frente a Westminster, rompen las vidrieras de un McDonald’s y aggiornan la estatua de Winston Churchill que queda lista para una rave: los demonstrators le dibujaron una cruz esvástica en el lado izquierdo del pecho, le pintaron un ojo con verde fluorescente y le calzaron un penacho de zorrino fucsia sobre la cabeza. Londres modelo 2000. "¡Qué falta de respeto! ¡Qué atropello a la razón!", habría regañado con indignación un típico gentleman inglés la mañana siguiente, enfundado en un sobretodo de tweed, si hubiera recorrido el Río de la Plata. De esos personajes cada día se encuentran menos. Las colonias están dándole a Inglaterra su efecto de retorno por lo que es muy fácil toparse con indios, pakistaníes, orientales y un buen surtido de inmigrantes de todo el mundo que también coparon las letras: Kazuo Ishiguro, por ejemplo, con un nombre nada british es considerado con su novela The remains of the day (Lo que queda del día) uno de los escritores más representativos de Gran Bretaña. "Nació en Japón, pero su cultura la desarrolló aquí", me explica el librero del local en el que se inspiraron para la película Notting Hill.

 

Escena 3. En la parada del ómnibus un cartelito afirma que el próximo double decker pasará a las 11:47. Exactamente en tres minutos. Me distraigo mirando los anuncios de una cabina telefónica pintada en color petróleo y la puntualidad inglesa me pasa por encima, dejándome indignado. Sin que mi mano llegue a hacerle una señal, el colectivo sigue de largo. El próximo pasará a las 12:02. Tengo tiempo de estudiar las ofertas sexuales étnicas, tanto o más variadas que las culinarias. Lo pienso un segundo, ¿me subo a uno de esos taxis con curvas "bombé", manejados a contramano, por la izquierda, y me hago el lord inlgés o camino hasta la línea gris del subte, La Jubilee, y me siento un Keanu Reeves en una de las mejores escenas de The Matrix? La Jubilee, modernísima, combina aluminio y cemento y une Bond Street, Westminster, Londron Bridge y North Greenwich. Opto por el contraste más contemporáneo y me subo al subte, que me lleva al Dome, lo más "nuevo milenio" de la arquitectura inglesa. Hecho con teflón, fibra de vidrio, acero y cemento, ofrece un espacio didáctico y espectáculos de luz y sonido con acordes de Peter Gabriel.

 

Escena 4. Mal humor total. No hay peor pesadilla que tener hambre en Londres. Dar con un restaurante bueno y barato es más difícil que lograr que un londinense diga "Malvinas" en lugar de "Falklands". Las cadenas de tenedor libre de pizza y pasta son desastrosas y los locales de comida étnica son cada vez más abundantes y menos sabrosos. De pura rabia, me meto en el elegantísimo Café Royal, uno de los más famosos restaurantes de la ciudad, en el 68 de Regent Street. Sé que mi bolsillo no da ni para un vaso de agua pero, como una guía de la ciudad reseña que allí solían almorzar Oscar Wilde y Bernard Shaw, no me lo quiero perder. En el salón de la planta baja, forrado en terciopelo, dorados y cristales, el menú fijo del día cuesta 50 dólares.

 

Doy media vuelta y salgo. En los últimos cinco años, Londres estiró la movida nocturna hasta tal punto que hay restaurantes chinos, hindúes, japoneses y vietnamitas que están abiertos las 24 horas. No es el caso del Wing Kee, especializado en cocina china del norte (curiosa aclaración que figura en la tarjeta del lugar) que es de lo más pasable y cierra a medianoche. Queda en el 59 Charing Cross Road, cerca de la estación de subte Leicester Square, y tiene 17 variedades de platos. La comida cuesta 4,90 libras por persona, sin bebida, y recuerda mucho a los primeros tenedores libres orientales que coparon Buenos Aires hace seis o siete años. Por un instante coqueteo con la idea de un Burger King de parado en Victoria Station. Pero no, odio las hamburguesas. Termino en el Wing Kee, sonriéndole a la cámara que filma las fuentes humeantes de salsa agridulce para después mostrarlas en la vidriera del local.

 

Escena 5. "Por ahí se escurría la sangre", le escucho decir, muy serio, a un hombre que habla un inglés lento, especial para turistas. "Las vísceras de Annie Chapman estaban desparramadas por aquí." Su público es un grupo de ocho personas que ponen caras que oscilan entre el asco y el terror. No tengo ni idea de quién era la pobre Annie Chapman y como me intriga, le pregunto a una chica de pelo lacio y remera a rayas. "La tercera prostituta que Jack El Destripador asesinó en 1888", me responde. Recién ahí caigo en la cuenta de que me acabo de topar con uno de esos tours temáticos que los ingleses saben explotar, especialmente para los norteamericanos. Estoy en el East End de Londres, una zona de edificios altos, bancos y compañías de seguros. Ya oscureció y sigo al grupo de fans de El Destripador, a la distancia. Después, me entero de que salieron de la estación de subte de Whitechapel, a las siete y media de la tarde, y que el recorrido tras los pasos del asesino más famoso de Gran Bretaña dura dos horas. Entre agosto y noviembre de 1888, Jack masacró a seis prostitutas. Nunca fue capturado, a pesar de las burlonas cartas que envió a Scotland Yard. Jamás se reveló su identidad. Las sospechas indicaban al duque de Clarence, hijo del príncipe de Gales y nieto de la reina Victoria. También se habló de un espía ruso, Alexei Pedachenko, y hasta de un médico argentino, por la habilidad que demostró con un filo a mano. Mientras me alejo del grupo me acuerdo de Jack Palance. Creo haber visto, de chico, una versión de El Destripador con su cara.

 
 

Escena 6. Hasta los puentes de Londres hablan del contraste que la ciudad inauguró con el 2000. Entre las históricas construcciones de Westminster y el Tower Bridge los británicos inauguraron la Millenium Mile, una milla modernosa que comunica con el South Bank, donde se puede visitar The Globe, uno de los teatros más antiguos de Gran Bretaña, lugar en el que el mismísimo Shakespeare solía poner en escena sus obras en el siglo XVI. Cerca de allí, la geografía me devuelve abruptamente al presente: otro puente, el Millenium Bridge, comunica desde mayo del año pasado la Tate Gallery of Modern Art con la Saint Paul Cathedral.

 

Escena 7. En la otra orilla de los contrastes de Londres existe una oferta turística más clásica, tan tradicional como el five o’clock tea (el té de las cinco de la tarde). De ese lado, no puede faltar una referencia a los Beatles, embajadores sin tiempo de toda Gran Bretaña. Averiguo qué double decker me lleva hasta Abbey Road, la calle que dio nombre al último álbum que John, Paul, Ringo y George grabaron juntos. El 82 pasa por la puerta de los estudios homónimos. Distraído, mirando por la ventanilla, vengo esperando el cartel luminoso que señale la gloriosa senda peatonal que los muchachos de Liverpool inmortalizaron en la tapa del disco. Pero no veo nada. Lejos de tal grandilocuencia, observo, al pasar, cierto movimiento frente a una casita blanca: "Abbey Road Studio", dice el cartel. Me bajo del bus y retrocedo. Los estudios de grabación invitan, a través de una inscripción en la puerta a no ingresar, a buscar souvenires beatles en un mini negocio montado a tres cuadras de allí. Intentar repetir la foto del álbum es un infierno. El tránsito de autos, colectivos y taxis es constante y en esa esquina no hay semáforo. Tiene, en cambio, un cartel con el nombre de la calle mamarracheado en varios idiomas. Son los homenajes que dejan en su paso por allí los fans más viscerales. Me pongo a conversar con un japonés que me recomienda el recorrido beatle de la Saville Row, allí donde están los estudios Apple. Desde los tejados de Apple, los Beatles tocaron cuarenta minutos en enero de 1969, hasta que llegó la police y los hizo bajar.

 

En Londres, hay dos Beatles Walks: The Beatles Magical Mystery Tour y The Beatles "In my life" Walk, que incluye el lugar donde se filmó Anochecer de un día agitado y Socorro. El guía de este último se llama Richard Porter y, a medida que avanza en el itinerario, ameniza el tour con música de la banda que suena desde un grabador que lleva al hombro. Según Porter, unas ocho mil personas lo siguen por año. ¿Seré yo el ocho mil uno?

 

Escena 8. Por primera vez, desde que estoy en Londres, la capital más grande de Europa, tengo la sensación de que sus siete millones de habitantes están aquí, reunidos, en el Camden Market, el mercado de pulgas al que se llega bajándose en las estaciones de subte Camden o Chalk Farm. Es sábado a la tarde y estalla de visitantes, locales y extranjeros, que revuelven entre los discos, muebles, cueros y demás rubros que allí se ofrecen. Antonio, un guía turístico de un contingente de españoles, me recomienda el Portobello Market, pero sugiere que lo recorra un sábado, de mañana. "Encontrarás ropa usada, antigüedades, joyas, frutas y verduras", me cuenta. Le pregunto si conoce el mercado de Petticoat Lane, en la parte este de la ciudad, y me baja el pulgar. "Funciona los domingos por la mañana pero es carísimo, chaval", argumenta Antonio y se despide. La marea humana del Camden nos empuja en direcciones contrarias.

 

Escena 9. Me indigna un poco pensar que dentro de ese enorme edificio que queda a diez minutos de Piccadilly Circus se exhiben tesoros que los ingleses se trajeron de culturas ancestrales del resto del mundo. Pero sé que si no entro al British Museum, jamás veré los únicos restos que se conservan de los frisos del Partenón, por ejemplo. Mientras Gran Bretaña y Grecia no se terminen de poner de acuerdo sobre su restitución a la Acrópolis, aquí están, enfrentados, en uno de los salones más visitados del museo. El British puede ser un buen plan para un día de lluvia. Lo único que me reconcilia con los británicos es la entrada gratis. Hay enormes alcancías de acrílico transparente que invitan a colaborar con lo que uno pueda. Pero el que no puede o no quiere, entra igual. El museo, que se fundó en 1753, tiene 94 salas que guardan cerca de 7 millones de piezas. Lo recorro rápido, repaso papiros egipcios, sarcófagos, momias, monedas y medallas.
Sigo recorriendo salas hasta que doy con la famosa Piedra Roseta, un pedazo de roca oscura esculpida, que permitió descifrar el significado de los jeroglíficos. Fue descubierta en Roseta, en el delta del Nilo, en 1799, y su valor está en que contiene, sobre el granito, un texto escrito en el año 196 antes de Cristo en tres versiones: jeroglífico, demótico y griego. El egiptólogo Champollión descubrió los sonidos que correspondían a los caracteres y dio el puntapié inicial para las investigaciones que se hicieron después sobre el lenguaje de Egipto. La Piedra Roseta está protegida por un vidrio para contrarrestar el entusiasmo de los visitantes que solían acariciarla. Le dedico una hora más al British Museum mientras sigo pensando en cómo les da la cara a los ingleses para lucirse mostrando el patrimonio cultural ajeno.

 

Escena 10. El aire íntimo de Londres se respira en Notting Hill, que lo perdió un poco después de la película de Julia Roberts y Hugh Grant. Esta zona londinense, que en los años ‘50 y ‘60 fue centro de la comunidad caribeña, tiene un aspecto cosmopolita, hoy acentuado por la actitud de los 600 residentes del barrio que actuaron de extras en el filme. Mientras voy pensando en que la calle Portobello sería mucho más linda si no tuviera autos, tal como se la vio en la película. Las fantasías del cine llevan a los turistas hasta la puerta de la casa que habitó el Hugh Grant de celuloide, que hoy cambió de color. Desilusión total para los cinéfilos ingenuos y alegría para el dueño de la propiedad, que quintuplicó el alquiler de la vivienda. Porque Londres también cuenta con un circuito de rincones que sirvieron de escenografía para películas como Shakaespeare apasionado, 101 Dálmatas y Cuatro bodas y un funeral, entre otras. La zona de Middle Temple, por ejemplo, reúne varios edificios tradicionales donde se forman los abogados londinenses. Allí, en el Middle Temple Hall, se cree que Shakespeare representó su obra La noche de Reyes, en 1601. Ese mismo paisaje también sirvió para rodar algunas escenas de Shakespeare apasionado. El Royal Naval College, en Greenwich, tiene una capilla que se utilizó para celebrar uno de los casamientos de Cuatro bodas y un funeral. Y un poco más atrás en el tiempo, cuando el Covent Garden era un mercado de frutas y verduras, fue el lugar ideal para Mi bella dama, la versión musical de la obra Pygmalion, de Bernard Shaw. Hoy es un simpático centro de restaurantes y compras. Porque en Londres, todo vale. Si no, que lo niegue la estatua del mítico Sherlock Holmes que desde 1999 adorna la estación de trenes de Marylebone, la más cercana a Baker Street. Los británicos celebran a sus personajes, ficticios o reales, con igual devoción: el mármol es tan loable para el histórico Churchill como para Sherlock, que nunca existió en la vida real. Un contraste más de la Londres de hoy.

 


||| Texto y fotos de César de Luca, de la revista Marcopolo, una de las mejores revistas sobre turismo mochilero de la Argentina, Mayo de 2001 |||

 

LONDRES II
 

texto y fotos: Brian Jait


Londres fue la primera parada del que sería uno de los viajes más largos de mi vida. Pero más allá de que es ideal tanto para comenzar la aventura como para terminarla, estar en la reina del Támesis significa realizar un viaje por la historia, porque sus calles y edificios son testimonio de la riqueza cultural de Europa. Cada vez que camino por las calles de la ciudad me transporto algunos siglos atrás y me veo entre la gente de ese entonces; esos personajes que solemos ver en las películas épicas. Así los taxistas se convierten mágicamente en cortesanos; las mujeres, en esas doncellas que esperan a sus caballeros de vuelta de alguna cruzada; los verduleros en granjeros, con sus costumbres y tradiciones, muchas de las cuales todavía se mantienen. Solo hay pequeñas variaciones: los granjeros de hoy usan la palm para ubicar a sus amigos.


Aventura en dos ruedas: Recorrer Londres no es fácil para quien va por primera vez y la cosa se vuelve más compleja si se cuenta con poco tiempo. La colorida capital británica es una de las más vibrantes del Viejo Continente y hasta –diría– del mundo. Infinidad de cosas para ver y hacer, atracciones mundialmente conocidas, historia a cada paso y una agitada vida nocturna se conjugan en cada uno de sus barrios. De todas las opciones para moverse y conocer la ciudad, la mía fue comprar una bicicleta usada en el mercado de los domingos del barrio de Liverpool. Con tan sólo 17 libras pude acceder a una forma de viajar barata y cómoda. Además del ahorro que significaba no tener que tomarme el tube o el tren, las distancias que separaban las atracciones de Londres no eran tan largas, y la bici se convertía en el vehículo ideal. Otra de las ventajas de recorrer la ciudad así era que era yo el que ponía los tiempos y no tenía que fijarme a qué hora pasaba el último double decker (los famosos autobuses de dos pisos). Sólo restaba comprar una buena cadena -porque, al igual que en Buenos Aires, hay muchos robos- y un par de luces para que me vieran de noche y no terminar en algún hospital londinense dándome cuenta que todo el inglés que había aprendido no servía para nada. Entonces sí, todo estuvo listo para salir a las calles angostas de la vieja ciudad. Encontrar dónde parar tampoco fue difícil. Tuve la suerte de estar unos días en la casa de un amigo argentino que vive allá hace un tiempo; así me ahorraba también el hotel. Y lo mejor de todo es que su habitación, en un clásico piso compartido, estaba tan sólo a 20 minutos de bici del reloj más famoso de Londres: el Big Ben. Yo no podía pedir más. Eso sí, nuestros compañeros y dueños del departamento eran unos personajes bastante extraños. Francesca, una italiana un tanto exaltada, jamás se enteró de mi paso por su departamento. El colchoncito en el piso, que oficiaba de cama y que a los pocos días ya había logrado que mi espalda se quejara de algo más que de los kilómetros que permanecía encorvada al andar en bicicleta, nunca fue visto por ella como mi lugar en su casa.

 

Comenzando el recorrido: Mi primera elección fue la del clásico turista que por primera vez vista la ciudad. Sabía que la manera más fácil de conocer los íconos de Londres era haciendo el London Transport Sightseeing Tour London Plus, un city tour en ómnibus que con varias salidas diarias te da la posibilidad de subir y bajar en más de treinta paradas diferentes. Poco dispuesto a pagar el ticket, hice la gran porteño y seguí con mi bicicleta al double decker sin techo. La estatua Eros, en Picadilly Circus, Trafalgar Square y el Big Ben en el Parlamento junto al río Támesis, la Torre de Londres, que desde su construcción en el siglo XI, ha servido como palacio, prisión y casa de moneda y hoy exhibe la colección de joyas de la corona, la histórica abadía de Westminster, donde se coronaron y enterraron a soberanos ingleses, la St. Pauls Catedral, el paseo por la zona de Mayfair entre casa lujosísimas, los parques, el Hyde Park junto al Green Park, donde se hace el cambio de guardias igual que hace cientos de años.

 

Estos lugares y alguno más formaron parte de ese completo itinerario. Miles de imágenes venían a mi mente mientras trataba de captar esa historia que ocultan tras sus muros las centenarias edificaciones londinenses. Pero sin dudas, una de las postales que se grabó para siempre en mi retina fue ese punto donde el pasado y el presente se unen: la vista de dos de los puentes más famosos de Londres: el Puente de Londres y el majestuoso Puente de la Torre, puente levadizo del siglo pasado. Pocos días después, la zona de los muelles de Londres, uno de los proyectos de reciclaje más ambiciosos para la construcción de viviendas y oficinas, terminaría por mostrarme esos enormes contrastes de la ciudad, dónde lo moderno convive con lo histórico. Desde ahí, el Docklands Light Railway me llevó con mi bicicleta a cuestas desde Bank of London, en la City, hasta Island Gardens en el extremo sur de Isle of Dogs. A diez minutos de esa zona sabía que se encontraba el histórico Greenwich, el clásico lugar donde los viajeros suelen retratarse con un pie en oriente y otro en occidente.


Un poco de Historia. En la ciudad, la historia no sólo está ahí dispuesta a que la descubras en cada edificio o pasaje. Sus museos y galerías, que se despliegan en restaurados depósitos victorianos en cada vuelta de esquina, también albergan las leyendas, las tradiciones y la memoria del pueblo sajón. Como quería conocer de cerca la historia de la capital, desde los tiempos más remotos, el Museo de Londres fue mi primera elección. Creo que una de las cosas que más me llamó la atención fue la Roseta stone, una piedra con inscripciones y jeroglíficos egipcios que encontró Napoleón en una de sus batallas y gracias la cual pudo develarse la escritura de los viejos faraones. Después de haberme encerrado en esa especie de máquina del tiempo, me dirigí a la National Gallery, en Trafalgar Square, para ver la magnífica colección de las principales escuelas artísticas europeas, desde el siglo XIII hasta el 1900.

 

Siguiendo el rumbo de los artistas, visité en St. Martin´s Place la National Portrait Gallery, con sus retratos de personajes famosos de la historia británica. En el Museo del Teatro, como su nombre lo indica, asistí a la historia de la escena desde Shakespeare hasta nuestros días. Demasiada cultura para un solo día, pensé; y me dirigí al Museo de la Imagen en Movimiento (MOMI). Este es un lugar único en su tipo, ubicado en el complejo artístico de South Bank. Y no exagero. Su exhibición, que gira en torno al cine y la televisión, me permitió descubrir desde las sombras chinescas que se empleaban en el, hasta la más moderna tecnología. Un lugar que, para fanáticos del cine como yo, resulta sencillamente imperdible. Otro atractivo, no apto para cardíacos, es el museo sobre el horror medieval, el London Dungeon, que recrea con técnicas y efectos especiales tan nefasta época. Y cómo perderme ir al Madame Tussauds, el mejor museo de cera del mundo, donde encontrás reproducciónes idénticas de los más famosos personajes de la historia. Los reyes ingleses, los Beattles, actores, pintores y personajes del deporte forman parte de la muestra. Aunque es notable la ausencia del más grande de todos: Maradona. ¿Por que será?


Mercados: Vibrantes, ruidosos y llenos de vida, los mercados que todos los días invaden las calles de Londres, son ideales tanto para encontrar esos objetos que nunca pensaste que podían existir, como para curiosear desde antigüedades y artesanías hasta moda y accesorios. Los fines de semana y sobre todo los sábados son de Camden Market o de Portobello Road, ubicado en una pintoresca calle empinada con casas victorianas pintadas de colores. Sus casi 800 puestos de venta ofrecen desde muebles, cuadros y objetos de plata hasta viejas estampillas y curiosidades de la ciudad. Los domingos en Covent Garden tienen una magia especial. Es un lugar increíble con alguna semejanza a nuestra Plaza Francia, con espectáculos todo el día, desde malabaristas, magos, gente tocando la gaita y cuanto personaje te imagines en las calles.


De noche:Las noches en Londres merecen un párrafo aparte. No hay como esta ciudad para ver un musical con lujosas puestas en escenas, fabuloso vestuario y magníficas canciones y coreografías en teatros que tienen más de cien años. Además existe una gran cantidad de clubes
que ofrecen una buena selección de música en vivo. Pero para disfrutar de la verdadera noche inglesa, nada mejor que comenzar en un pub: desde posadas históricas donde sirven cerveza tradicional hasta bares que ofrecen tragos de los más variados y vinos de todas partes del mundo. Los pubs son una parte fundamental de la cultura londinense, en cada cuadra hay uno con clientes que los visitan de por vida. Dos de las zonas más populares, dónde se concentran locales y turistas en bares de moda, son la de Covent Garden y la de Kings Road en Chelsea. Y si tenés la suerte de visitar la ciudad en verano y permanecer lejos de la clásica neblina, no hay como tomar un trago a orillas del Támesis y simplemente sentarte al aire libre para ver como el mundo pasa frente a tus ojos.

 

||| Texto y fotos de Brian Jait, de la revista Marcopolo |||

 

 

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