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VIDEO
Agosto 2007. Video, sonidos
e imágenes de Londres.
FOTOS
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Galería con las mejores fotografías que tomé en Londres. 364 fotos.
Antes de ir al aeropuerto, al
igual que en mi anterior viaje, hice todo a las corridas...
había ido a comprar los euros y las libras cuatro horas
antes de que salga el avión, a una casa llamada
Giovinazzo
en Sarmiento y San Martín, en Capital Federal. Compré 800
euros y 250
libras. De allí me fui a despedir de mi familia,
y me tuve que tomar un
remise al aeropuerto, porque ya no
llegaba para hacerlo en
colectivo (bus) como lo tenía
planeado.
Luego de hacer los trámites me
quedo mucho tiempo libre, faltaba una hora y cuarenta
minutos para que salga el avión. Así que empecé a dar
vueltas y sacar algunas fotos. Subí y me dirigí a hacia
migraciones. Pasé enseguida y pasee un poco por los freeshop. Intenté conectarme a Internet por wifi, pero la única
señal era de Arnet, y era paga... y muy cara, así que
desistí de la idea de conectarme. Con tanta espera al menos
tendría que haber wifi gratuita... pero luego descubrí que
esto se repetía en casi todos los aeropuertos en los que
estuve.
Dos horas y pico después
estábamos llegando a
Sao Paulo (San Pablo). Era cierto que
es gigante como Buenos Aires, miles y miles de edificios
altos por todos lados. Todos los techos de las casas eran
colorados. Sumado a un atardecer perfecto, era un paisaje
sumamente disfrutable.
De nuevo intenté captar internet
wireless pero no, tampoco había... sólo una pero era paga.
Intenté enchufar la notebook pero me di cuenta que los
enchufes eran distintos. Me puse a caminar... me propuse no
comprar nada de nada... había bombones Garoto y camisetas de
Brasil por todos lados... Vi una publicidad enorme de
Visa... o de Mastercard, no me acuerdo bien, en la que
estaba el Obelisco de Buenos Aires... ahora si me empezaba a
sentir lejos de casa... y de golpe veo algo demasiado
familiar: un local de Havanna (un negocio donde venden
alfajores argentinos)... me acerqué y vi los precios: el
doble que en Argentina... y me moría de ganas de comer uno!
al fin y al cabo iba a estar 3 meses sin dulce de leche...
De día empezó a hacer mucho calor en el avión. Eso no me gustaba, nunca había tenido calor estando en un avión, al contrario. Y demasiados gritos, la gente no paraba de hablar. El vuelo se me estaba haciendo demasiado largo. Dieron el desayuno. Ya quedaban sólo cinco horas. Cinco interminables horas. De pronto por fin se abrieron las nubes y logré ver el océano Atlántico con su azul majestuoso. Que palabra rara acabo de usar... me hizo acordar a Johny Tolengo jajajaj. De ahí en más seguí mirando todo el tiempo por la ventana, escuchando música, y viendo como avanzaba el viaje en el mini televisor, con el mapa que iba diciendo por donde íbamos. Pero no veía tierra. Me lo imaginaba a Cristóbal Colón ahí abajo también esperando ver tierra, pero yendo para el otro lado. El mapa decía que estábamos muy cerca de África. Y sí, de golpe empecé a observar islas y otros montículos de tierra. Luego vi la costa africana, era la primera vez que veía ese continente. Pasamos por encima de las islas Azores, pero no las vi bien ya que de nuevo las nubes empezaron a tapar todo. El mapa del televisor decía que nos estábamos acercando al continente europeo.
Y sí, por fin había llegado a
Europa oficialmente. Se abrieron las nubes y pude ver muy
claramente la costa de Portugal. No tenía en mis planes ir
allí, pero viendo todo desde arriba me habían dado ganas.
Cada vez estaba más ansioso, no veía la hora de llegar.
Faltaba cada vez menos.
Esperé un buen rato en la fila.
Como estaba muy nervioso y también aburrido me puse a sacar
fotos. Saqué dos pero de pronto veo un cartel que decía que
estaba prohibido sacar pictures. Bueno si ven la
foto, aunque esta un poco fuera de foco, pueden observar que
hay varios mostradores donde los agentes de migraciones
deciden si uno entra al país o no, y detrás de ellos hay una
oficina con un vidrio gesell espejado, donde observan a
todos, y a veces aunque te dejen pasar los agentes, ellos
pueden retenerte y hacerte más preguntas. En otro sector
estaban las personas a las que no habían dejado ingresar.
Eran muchas. En la fila había gente de todas las razas,
sobre todo muchos hindúes, también asiáticos y
norteamericanos. Argentinos ninguno excepto yo (léase "sho"
D:). Había varios agentes en los mostradores: una rubia bien
inglesa, blanquísima, muy simpática. La gente pasaba
rapidísimo por su mostrador. Al lado un hombre mayor con
cara de vinagre. Daba miedo. Ése me tocó. Puse mi mejor cara
de turista, casi sonriendo, mirando para todos lados. Le
dije "good afternoon" (buenas tardes). Ni me miraba,
sólo miraba mi pasaporte. Me preguntó si era nuevo y le dije
que sí, que lo había sacado hace un mes atrás, pero que
tenía uno anterior. En el escritorio apoyé la cámara de
fotos, el pasaje y el Assist Card bien visibles para que no
le quepan dudas de que era turista y esos eran mis fines. me
preguntó si estaba de vacaciones, por cuánto tiempo pensaba
quedarme. Yo le respondía lo más natural posible, se inglés,
pero no soy tan bueno hablándolo. Le dije que me iba a
quedar en lo de un amigo que era italiano, le dije donde
estudiaba y donde trabajaba, y le mostré un papel con su
dirección. Volvió a leer el pasaje aéreo. Tardaba mucho en
leer todo, así que me puse más nervioso aun. Me transpiraban
las manos. Hacía mucho calor. Y de golpe un plaaaf me
hizo saltar. Estampó con todo el sello de visado contra el
pasaporte. Me devolvió todo y dijo "next please"
(siguiente por favor). Le dije thank you (gracias), y
sin guardar nada ni acomodarme bien las cosas que había
mostrado empecé a caminar rápido, estaba contentísimo.
Recuperé mi respiración y latidos normales mientras
avanzaba. Quería reencontrarme ya con mi mochila. Pasé la
aduana lo más bien, me hacían sacar la notebook afuera del
bolso siempre. luego fui a las cintas giratorias donde se
recoge el equipaje. Por suerte enseguida apareció mi
mochilota verde y negra rodeada de valijas carísimas jaja.
Me la puse, me acomodé bien todo, y ya estaba listo. Ahora a
buscar dónde quedaba el underground (metro o subte). En síntesis: Pase ilimitado en metro, tren y bus: £ 3,30 ó U$S 6 ó $AR 17 por día de 24 hs. El metro funciona todo el día hasta la medianoche.
Tarjeta Oyster Card
Yo me encontraba en la Terminal 4 de Heathrow. No había casi nadie esperando el metro. Me parecía raro eso. Llegó enseguida. El techo era un poco más bajo que los de Buenos Aires, y no eran cuadrados sino con forma de tubo, con techo redondeado. Lo que no sabía en ese momento era que el viaje era muy corto, porque el recorrido era sólo hasta la Terminal 1, 2 y 3. me bajé y del otro lado ya estaba por salir el otro que sí iba hacia el centro. Corrí y logré subirme. Era la línea azul en el mapa, la Piccadilly line. Me senté y me puse la mochila al lado. Un inglés me la agarra y me la pone en un costado, lo cual no me gustó para nada... pero es que no se podía llevar la mochila en el asiento. Había un cartel que decía que las valijas debían ponerse en un lugar al lado de la puerta. El vagón estaba lleno de diarios gratuitos tirados. Regalan mucho ese tipo de diarios en Londres, y la gente los lee y los deja ahí, pero con el viento se van volando. Arrancó. Last train to London.
El viaje al centro de Londres
dura bastante, son muchas estaciones (más de 15), Eran las
04:34 PM. Había quedado en encontrarme con mi amigo a las
04:30 así que ya estaba llegando tarde. El metro va bajo
tierra pero varias veces sale al exterior. Cuando llegué a
la estación Green Park me bajé e hice combinación con la
línea gris: Jubilee line. Obervaba a las personas. Me
acordaba del atentado en el metro de Londres dos años antes.
Creo que no les gusta mucho ver a alguien con una mochila
enorme... pero en la línea azul es normal, porque va al
aeropuerto, pero en las otras no. Y es incómodo porque viaja
muchísima gente. Me iba fijando en un mapita chiquito por
donde estaba yendo. Estaba debajo del Big Ben y al rato
debajo del Támesis. Y por fin llegué a la estación
Canary
Wharf. En el andén (plataforma) de la estación se abren
puertas automáticas en el momento en el que el metro se
detiene, y en alineación con las puertas de las formaciones.
Me sentía en el año 2050. Estaba en el futuro. me sentía muy
raro y perdido. la estación de Canary Wharf es gigantesca.
Como no sabía bien hacia donde ir, hice lo que siempre hago
en estos casos: seguir a las masas de gente. Subí unas
escaleras mecánicas enormes, larguísimas, nunca había subido
unas tan largas. La regla principal al subir estas escaleras
es dejar el lado izquierdo de las mismas para que los que
estén apurados pasen por ahí, incluso corriendo. Mientras
subía el paisaje era digno de la película Metrópolis, y
entendí por qué mi amigo Pablo me dijo que Londres era más
espectacular que New York: la estación tenia un techo
transparente por el cual se veían rascacielos enormes.
Canary Wharf es la zona empresarial y financiera más
importante de Londres, y de Europa. Para salir de la
estación hay que volver a pasar la Oyster por el lector
magnético. Salí al exterior: por fin estaba en Londres 100 %
libre.
Creo que yo era el primer
mochilero en Canary Wharf. Todo estaban impecables, con
traje, las mujeres perfectas desde los zapatos hasta el
cabello, me sentía que estaba adentro de una sitcom o serie
de Sony o de Fox. Muchos tomaban sol con el traje puesto. ni
un papelito en el piso, nada, todo perfecto, piso, paredes,
árboles, veredas, cordones, todo pensado para que dure mucho
evidentemente. Ya me iba acercando, cruce un puente
modernísimo, y llegué al hotel, el cual ya lo había visto
antes por fotos, así que lo reconocí enseguida. La cara del
bellboy cuando me abrió la puerta del hotel... ¿un
mochilero en un hotel 5 estrellas? se preguntaría. Le
pregunté al conserje por mi amigo, pero me dijo que ya se
había retirado. Muy amablemente se ofreció a llamarlo por
teléfono. Me atendió mi amigo y respire aliviado, por fin
una voz conocida, y volví a hablar en español después de 24
horas hablando en inglés. Me dijo que lo espere en el puente
que había cruzado hace un rato. Magazine Canary Wharf, revista gratuita
En Londres estuve dos semanas en la primer parte del viaje, y luego casi dos semanas a la vuelta, así que una gran parte del viaje lo pasé en esta ciudad que me fascinó por completo y espero poder volver en el 2009.
Tuve dos guías de lujo: mi amigo
Gustavo y su amigo Rafael, guatemalteco que trabaja y vive
allí también. Todos hemos compartido salidas, almuerzos y
cenas, y tragos que preparaba Chape, el roomate de
Rafa... lástima que uno de esos tragos fue a parar al
teclado de mi notebook en los últimos días del viaje en
Octubre... y el alcohol me lo arruinó, pero bueno,
accidentes que pasan en los viajes. También en Octubre se
sumó Pato, un amigo argentino que fue a realizar un viaje
similar al mío, pero arrancó después que yo.
Más abajo les dejo la lista de lugares interesantes que se pueden conocer... pero son infinitos... y todo esto sin contar lo que se puede hacer en las afueras de Londres...
En Londres viví una experiencia muy rara para un mochilero: pasar todo un día en un hotel 5 estrellas. Mi amigo trabaja en uno, así que me consiguió para pasar un día allí, con spa, pileta de natación, desayuno, etc todo incluido. Estuvo muy bueno, una experiencia muy distinta... al menos por un día había pasado del otro lado del mostrador, ya que medio 2006 y medio 2007 trabajé en un 5 estrellas de Buenos Aires. Pero... para un mochilero es aburrido, así que con un día fue suficiente.
Si tuviese que elegir un lugar
para recomendar es difícil... porque hay muchos y bien
distintos:
Otro lugar sin duda es el pintoresco Portobello Road, en Notting Hill, el barrio donde se filmó la famosa película de Julia Roberts "Un lugar llamado Notting Hill". Son como once o doce cuadras con muchísimos puestos. Es recomendable ir los sábados a la mañana.
Para conocer el Londres más moderno hay que ir a Canary Wharf. Se pone muy bueno cuando se termina el horario laboral y todos los trabajadores van a tomar cerveza a los pubs de la zona. Lo curioso es que mayormente toman parados, no se sientan, sino que salen afuera y toman de pie. Allí también se encuentra el edificio más alto de Europa: el One Canada Square, construido por un arquitecto argentino.
Los lugares turísticos clásicos:
la torre del reloj en Westminster, con su campana Big Ben.
Me pasó que de casualidad llegué a escucharla sonar, porque
al otro día entraba en reparación por varios meses. También
hay que ir al Tower Bridge, Buckingham Palace, Piccadilly
Circus, etc. La lista es enorme, la pueden ver más abajo.
Para salir a la noche hay de todo, la oferta es infinita, pero lo curioso es que salen muy temprano, y la gran mayoría se vuelve corriendo a sus casas a la medianoche, que es cuando cierra el metro; ya que hacer el mismo viaje en autobús es muy complicado y se tarda más; aunque igual hay lugares que siguen abiertos hasta tarde. Generalmente no cobran entrada y tomar es bastante barato, por ejemplo cervezas a £ 1.
Luego de pasar dos semanas bajo
un poco normal sol radiante londinense, mis planes eran
seguir hacia Holanda. Compré por Internet una oferta de los
autobuses Eurolines UK para ir a Amsterdam por £ 14. Un
precio excelente. El viaje duraba 11 horas, vía el Canal de
la Mancha (Eurotunnel), aunque escuché que hay gente
que compró el mismo pasaje y cruzaron el canal en Ferry...
parece que es medio al azar eso.
Tuve que comprar otro pasaje,
pero esta vez me salio £ 32 lamentablemente, y esperé dos
horas y media a que saliera. El asunto de los autobuses en
Londres, al menos en Eurolines, es así: hay que estar exacto
una hora antes de la partida del mismo, y hacer el check in
como si fuese el aeropuerto. Se hace una fila, te piden
pasaporte y el ticket, y ahí te dan el boarding pass.
También se puede despachar la mochila, pero yo la lleve
conmigo. Luego de eso hay que esperar que sea la hora de
partida. Fue malo lo que me pasó, pero así aprendí, y pude
advertirle a otras personas que lo hicieron luego.
LUGARES PARA CONOCER
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WESTMINSTER - SOHO
-
HYDE PARK
-
GLOBE THEATRE
-
SCIENCE MUSEUM
DE TODO UN POCO
Para comprar ROPA económica y buena: Primark Stores: 54-56 High Road Kilburn, 200 mts estación Kilburn Park, frente al banco Santander Abbey.
(entre otras cosas compré un
pantalón deportivo por £ 2,50; remeras (playeras,
camisas) por £ 3)
Para comprar COMIDA: Yo
iba mayormente al supermercado Sainsbury's y al Somerfield,
en Canary Wharf y en Earl's Court.
LINKS Eurolines (autobuses) www.eurolines.com Hospitality Club (alojamiento gratuito) www.hospitalityclub.org Couchsurfing www.couchsurfing.com Trabber (buscador de aéreos low cost -baratos- de diferentes empresas) http://www.trabber.com/es/ Ryan Air (aéreos low cost, la más económica, aeropuertos alejados) http://www.ryanair.com/site/ES/ Easy Jet (aéreos low cost, generalmente usa aeropuertos importantes, no los alejados) www.easyjet.com autobuses en Europa BusAbout http://www.busabout.com/FlexiTrip tren europeo EURAIL PASS http://www.eurail.com/ tren europeo TGV - ofertas http://www.tgv-europe.es/ transporte en Londres http://www.tfl.gov.uk/ autobuses low cost en Inglaterra http://www.megabus.com/landing.php Victoria Coach Station en Londres - cómo llegar http://www.tfl.gov.uk/gettingaround/1210.aspx clasificados en Londres http://www.gumtree.com/ hostel en Londres Ashlee http://www.ashleehouse.co.uk/ hostel en Londres http://www.spencerrolfe.com/ requisitos para entrar a Reino Unido, Inglaterra http://www.ind.homeoffice.gov.uk/visitingtheuk/visitors/eligibility/ low cost international calls from UK http://www.telediscount.com/ César pelli, constructor argentino del One Canada Square http://es.wikipedia.org/wiki/C%C3%A9sar_Pelli webcam en vivo: Londres http://www.earthcam.com/uk/england/london/index.php webcam en vivo: Londres: Big Ben http://www.camvista.com/england/london/bigben.php3 Diana Spencer, Lady Di, princesa de Gales http://es.wikipedia.org/wiki/Lady_Di Atentados del 7 de Julio de 2005 en Londres http://es.wikipedia.org/wiki/Atentados_del_7_de_julio_de_2005 Juegos Olímpicos Londres 2012 http://es.wikipedia.org/wiki/Juegos_Ol%C3%ADmpicos_de_Londres_2012
LONDRES: "Cara y ceca de un escenario que muestra sus contrastes"
Escena 1 Es como si hubieran dicho: "¿Por qué no estropeamos Londres para celebrar el nuevo milenio?" Para festejar la llegada del 2000, a los ingleses se les ocurrió montar una rueda de bicicleta junto al Támesis, rodeada por treinta y dos capsulitas, con inevitable reminiscencia a las de vaselina, que muestran, desde lo alto y en eterno movimiento (tarda media hora en completar la vuelta), lo maravillosa que la cultura británica fue hasta hoy. Anacrónica, kitsch, todo el mundo quiere ver Londres desde donde nunca antes se la vio. Los fines de semana, las colas serpentean por la orilla del río con un orden tan british que contagia. Las lecciones de obediencia que los ingleses impartieron por el mundo fueron bien aprendidas. Y yo no voy a ser menos. Aquí estoy, comiéndome el garrón de cuarenta y tantos minutos, siguiendo a esa sueca que podría estar mejor, encarnación perfecta del deshonor a la fama de diosas que tienen sus compatriotas. Seguiré esas espaldas tan poco prometedoras hasta que me encapsulen y el paisaje me distraiga. Mientras tanto, la tarde se me escapa, justo ahora que hay sol y Londres va tomando un tonito golden. Justo ahora que podría estar caminando por Trafalgar Square, o tirado en el green de Hyde Park, ese espacio verde que antiguamente fue coto de caza real, escenario de duelos, ejecuciones y carreras de caballos y hasta una gigantesca plantación de papas durante las Segunda Guerra Mundial. Pero volvamos a lo que más me preocupa: ¿por qué esta sueca no tiene algo de Ursula Andress?
Escena 2. La Guardia Real, espectáculo ridículo si los hay. Los ingleses lo saben. Como conocen el deseo bobalicón del viajero que estrena carné de turista y lo complacen. En el fondo, a muchos les gustan los uniformes, aunque no lo quieran reconocer. Los británicos saben que este numerito en vivo es parte de su circo, y por más que me ría en su cara, seguirán haciéndolo. Lo que no me van a permitir es cruzar de la vereda del Palacio de Buckingham a la plaza mientras los bobbies estén marchando. "Bobis" quedamos nosotros, apilados en manada viendo el desfile ritual que se repite cada mañana, a las 11 en punto. Para amenizar, esta vez trajeron escoceses, impostores que hacen sonar sus gaitas y flautines, mientras un par de italianas se ríen ante la posibilidad de que un viento travieso nos muestre lo que estos señores barrigones portan debajo de esas faldas a cuadritos. Espero que termine el show para poder cruzar y, sin pisar las flores del parque, escapar hacia el Candem Market. Mientras Buckingham asiste a la ceremonia con mayúsculas, varios cientos de ecologistas, anticapitalistas y demás plantan semillas de cannabis sativa frente a Westminster, rompen las vidrieras de un McDonald’s y aggiornan la estatua de Winston Churchill que queda lista para una rave: los demonstrators le dibujaron una cruz esvástica en el lado izquierdo del pecho, le pintaron un ojo con verde fluorescente y le calzaron un penacho de zorrino fucsia sobre la cabeza. Londres modelo 2000. "¡Qué falta de respeto! ¡Qué atropello a la razón!", habría regañado con indignación un típico gentleman inglés la mañana siguiente, enfundado en un sobretodo de tweed, si hubiera recorrido el Río de la Plata. De esos personajes cada día se encuentran menos. Las colonias están dándole a Inglaterra su efecto de retorno por lo que es muy fácil toparse con indios, pakistaníes, orientales y un buen surtido de inmigrantes de todo el mundo que también coparon las letras: Kazuo Ishiguro, por ejemplo, con un nombre nada british es considerado con su novela The remains of the day (Lo que queda del día) uno de los escritores más representativos de Gran Bretaña. "Nació en Japón, pero su cultura la desarrolló aquí", me explica el librero del local en el que se inspiraron para la película Notting Hill.
Escena 3. En la parada del ómnibus un cartelito afirma que el próximo double decker pasará a las 11:47. Exactamente en tres minutos. Me distraigo mirando los anuncios de una cabina telefónica pintada en color petróleo y la puntualidad inglesa me pasa por encima, dejándome indignado. Sin que mi mano llegue a hacerle una señal, el colectivo sigue de largo. El próximo pasará a las 12:02. Tengo tiempo de estudiar las ofertas sexuales étnicas, tanto o más variadas que las culinarias. Lo pienso un segundo, ¿me subo a uno de esos taxis con curvas "bombé", manejados a contramano, por la izquierda, y me hago el lord inlgés o camino hasta la línea gris del subte, La Jubilee, y me siento un Keanu Reeves en una de las mejores escenas de The Matrix? La Jubilee, modernísima, combina aluminio y cemento y une Bond Street, Westminster, Londron Bridge y North Greenwich. Opto por el contraste más contemporáneo y me subo al subte, que me lleva al Dome, lo más "nuevo milenio" de la arquitectura inglesa. Hecho con teflón, fibra de vidrio, acero y cemento, ofrece un espacio didáctico y espectáculos de luz y sonido con acordes de Peter Gabriel.
Escena 4. Mal
humor total. No hay peor pesadilla que tener hambre en
Londres. Dar con un restaurante bueno y barato es más
difícil que lograr que un londinense diga "Malvinas" en
lugar de "Falklands". Las cadenas de tenedor libre de pizza
y pasta son desastrosas y los locales de comida étnica son
cada vez más abundantes y menos sabrosos. De pura rabia, me
meto en el elegantísimo Café Royal, uno de los más famosos
restaurantes de la ciudad, en el 68 de Regent Street. Sé que
mi bolsillo no da ni para un vaso de agua pero, como una
guía de la ciudad reseña que allí solían almorzar Oscar
Wilde y Bernard Shaw, no me lo quiero perder. En el salón de
la planta baja, forrado en terciopelo, dorados y cristales,
el menú fijo del día cuesta 50 dólares.
Escena 5.
"Por ahí se escurría la sangre", le escucho decir, muy
serio, a un hombre que habla un inglés lento, especial para
turistas. "Las vísceras de Annie Chapman estaban
desparramadas por aquí." Su público es un grupo de ocho
personas que ponen caras que oscilan entre el asco y el
terror. No tengo ni idea de quién era la pobre Annie Chapman
y como me intriga, le pregunto a una chica de pelo lacio y
remera a rayas. "La tercera prostituta que Jack El
Destripador asesinó en 1888", me responde. Recién ahí caigo
en la cuenta de que me acabo de topar con uno de esos tours
temáticos que los ingleses saben explotar, especialmente
para los norteamericanos. Estoy en el East End de Londres,
una zona de edificios altos, bancos y compañías de seguros.
Ya oscureció y sigo al grupo de fans de El Destripador, a la
distancia. Después, me entero de que salieron de la estación
de subte de Whitechapel, a las siete y media de la tarde, y
que el recorrido tras los pasos del asesino más famoso de
Gran Bretaña dura dos horas. Entre agosto y noviembre de
1888, Jack masacró a seis prostitutas. Nunca fue capturado,
a pesar de las burlonas cartas que envió a Scotland Yard.
Jamás se reveló su identidad. Las sospechas indicaban al
duque de Clarence, hijo del príncipe de Gales y nieto de la
reina Victoria. También se habló de un espía ruso, Alexei
Pedachenko, y hasta de un médico argentino, por la habilidad
que demostró con un filo a mano.
Mientras me alejo del grupo me acuerdo de Jack Palance. Creo
haber visto, de chico, una versión de El Destripador con su
cara. Escena 6. Hasta los puentes de Londres hablan del contraste que la ciudad inauguró con el 2000. Entre las históricas construcciones de Westminster y el Tower Bridge los británicos inauguraron la Millenium Mile, una milla modernosa que comunica con el South Bank, donde se puede visitar The Globe, uno de los teatros más antiguos de Gran Bretaña, lugar en el que el mismísimo Shakespeare solía poner en escena sus obras en el siglo XVI. Cerca de allí, la geografía me devuelve abruptamente al presente: otro puente, el Millenium Bridge, comunica desde mayo del año pasado la Tate Gallery of Modern Art con la Saint Paul Cathedral.
Escena 7. En la otra orilla de los contrastes de Londres
existe una oferta turística más clásica, tan tradicional
como el five o’clock tea (el té de las cinco de la tarde).
De ese lado, no puede faltar una referencia a los Beatles,
embajadores sin tiempo de toda Gran Bretaña. Averiguo qué
double decker me lleva hasta Abbey Road, la calle que dio
nombre al último álbum que John, Paul, Ringo y George
grabaron juntos. El 82 pasa por la puerta de los estudios
homónimos. Distraído, mirando por la ventanilla, vengo
esperando el cartel luminoso que señale la gloriosa senda
peatonal que los muchachos de Liverpool inmortalizaron en la
tapa del disco. Pero no veo nada. Lejos de tal
grandilocuencia, observo, al pasar, cierto movimiento frente
a una casita blanca: "Abbey Road Studio", dice el cartel. Me
bajo del bus y retrocedo. Los estudios de grabación invitan,
a través de una inscripción en la puerta a no ingresar, a
buscar souvenires beatles en un mini negocio montado a tres
cuadras de allí. Intentar repetir la foto del álbum es un
infierno. El tránsito de autos, colectivos y taxis es
constante y en esa esquina no hay semáforo. Tiene, en
cambio, un cartel con el nombre de la calle mamarracheado en
varios idiomas. Son los homenajes que dejan en su paso por
allí los fans más viscerales. Me pongo a conversar con un
japonés que me recomienda el recorrido beatle de la Saville
Row, allí donde están los estudios Apple. Desde los tejados
de Apple, los Beatles tocaron cuarenta minutos en enero de
1969, hasta que llegó la police y los hizo bajar.
Escena 8. Por primera vez, desde que estoy en Londres, la capital más grande de Europa, tengo la sensación de que sus siete millones de habitantes están aquí, reunidos, en el Camden Market, el mercado de pulgas al que se llega bajándose en las estaciones de subte Camden o Chalk Farm. Es sábado a la tarde y estalla de visitantes, locales y extranjeros, que revuelven entre los discos, muebles, cueros y demás rubros que allí se ofrecen. Antonio, un guía turístico de un contingente de españoles, me recomienda el Portobello Market, pero sugiere que lo recorra un sábado, de mañana. "Encontrarás ropa usada, antigüedades, joyas, frutas y verduras", me cuenta. Le pregunto si conoce el mercado de Petticoat Lane, en la parte este de la ciudad, y me baja el pulgar. "Funciona los domingos por la mañana pero es carísimo, chaval", argumenta Antonio y se despide. La marea humana del Camden nos empuja en direcciones contrarias.
Escena 9. Me indigna un poco pensar que dentro
de ese enorme edificio que queda a diez minutos de Piccadilly Circus se exhiben tesoros que los ingleses se
trajeron de culturas ancestrales del resto del mundo. Pero
sé que si no entro al British Museum, jamás veré los únicos
restos que se conservan de los frisos del Partenón, por
ejemplo. Mientras Gran Bretaña y Grecia no se terminen de
poner de acuerdo sobre su restitución a la Acrópolis, aquí
están, enfrentados, en uno de los salones más visitados del
museo. El British puede ser un buen plan para un día de
lluvia. Lo único que me reconcilia con los británicos es la
entrada gratis. Hay enormes alcancías de acrílico
transparente que invitan a colaborar con lo que uno pueda.
Pero el que no puede o no quiere, entra igual. El museo, que
se fundó en 1753, tiene 94 salas que guardan cerca de 7
millones de piezas. Lo recorro rápido, repaso papiros
egipcios, sarcófagos, momias, monedas y medallas.
Escena 10. El aire íntimo de
Londres se respira en Notting Hill, que lo perdió un poco
después de la película de Julia Roberts y Hugh Grant. Esta
zona londinense, que en los años ‘50 y ‘60 fue centro de la
comunidad caribeña, tiene un aspecto cosmopolita, hoy
acentuado por la actitud de los 600 residentes del barrio
que actuaron de extras en el filme. Mientras voy pensando en
que la calle Portobello sería mucho más linda si no tuviera
autos, tal como se la vio en la película. Las fantasías del
cine llevan a los turistas hasta la puerta de la casa que
habitó el Hugh Grant de celuloide, que hoy cambió de color.
Desilusión total para los cinéfilos ingenuos y alegría para
el dueño de la propiedad, que quintuplicó el alquiler de la
vivienda. Porque Londres también cuenta con un circuito de
rincones que sirvieron de escenografía para películas como
Shakaespeare apasionado, 101 Dálmatas y Cuatro bodas y un
funeral, entre otras. La zona de Middle Temple, por ejemplo,
reúne varios edificios tradicionales donde se forman los
abogados londinenses. Allí, en el Middle Temple Hall, se
cree que Shakespeare representó su obra La noche de Reyes,
en 1601. Ese mismo paisaje también sirvió para rodar algunas
escenas de Shakespeare apasionado. El Royal Naval College,
en Greenwich, tiene una capilla que se utilizó para celebrar
uno de los casamientos de Cuatro bodas y un funeral. Y un
poco más atrás en el tiempo, cuando el Covent Garden era un
mercado de frutas y verduras, fue el lugar ideal para Mi
bella dama, la versión musical de la obra Pygmalion, de
Bernard Shaw. Hoy es un simpático centro de restaurantes y
compras. Porque en Londres, todo vale. Si no, que lo niegue
la estatua del mítico Sherlock Holmes que desde 1999 adorna
la estación de trenes de Marylebone, la más cercana a Baker
Street. Los británicos celebran a sus personajes, ficticios
o reales, con igual devoción: el mármol es tan loable para
el histórico Churchill como para Sherlock, que nunca existió
en la vida real. Un contraste más de la Londres de hoy.
LONDRES II
texto y fotos: Brian Jait
Estos lugares y alguno más formaron parte de ese completo itinerario. Miles de imágenes venían a mi mente mientras trataba de captar esa historia que ocultan tras sus muros las centenarias edificaciones londinenses. Pero sin dudas, una de las postales que se grabó para siempre en mi retina fue ese punto donde el pasado y el presente se unen: la vista de dos de los puentes más famosos de Londres: el Puente de Londres y el majestuoso Puente de la Torre, puente levadizo del siglo pasado. Pocos días después, la zona de los muelles de Londres, uno de los proyectos de reciclaje más ambiciosos para la construcción de viviendas y oficinas, terminaría por mostrarme esos enormes contrastes de la ciudad, dónde lo moderno convive con lo histórico. Desde ahí, el Docklands Light Railway me llevó con mi bicicleta a cuestas desde Bank of London, en la City, hasta Island Gardens en el extremo sur de Isle of Dogs. A diez minutos de esa zona sabía que se encontraba el histórico Greenwich, el clásico lugar donde los viajeros suelen retratarse con un pie en oriente y otro en occidente.
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